La escena hispanoamericana Imprimir E-mail
Escrito por Sergio Gaut vel Hartman   
Sergio Gaut vel Hartman, escritor y director de Sinergia, nos explica sobre cómo está el panorama literario en el cono sur.

 

LA ESCENA HISPANOAMERICANA

Sergio Gaut vel Hartman



Un poco de historia.


En 1983, tras un año de elaboración subterránea y con el apoyo de un grupo de lectores aficionados a la ciencia ficción y varios escritores que empezaban a ser conocidos gracias a El Péndulo, creé y dirigí la revista Sinergia. Era un fanzine, con todas las limitaciones de una publicación hecha a pulmón. Pero desde el nombre estaba claro el propósito que me animaba. Sumar para obtener un resultado superior a la suma. Sobrevivimos 12 números y en el camino generamos Pársec, Potencial, la antología Fase y vimos nacer a un puñado de compañeros de ruta, algunos de los cuales, como Axxon y Cuasar, gozan hoy, en el 2004, de buena salud.

¿En qué nos parecemos y en qué nos diferenciamos de lo que fuimos e hicimos entonces?

Al regresar al campo —de alguna manera hay que decirlo, aunque jamás me fui del todo— descubrí que los que seguían cultivando el género habían crecido y que nuevas generaciones, plenas de energía y entusiasmo, se preparan para tomar la posta. En Argentina están Axxon, de Eduardo J. Carletti, que lleva 14 años de publicando a los escritores hispanoamericanos con un rigor envidiable, y Cuasar que ha llegado al número 35 y alterna la ficción con un sólido enfoque crítico y bibliográfico. Pero, ¿qué encontré fuera de mi país? Existe una sorprendente cantidad de revistas, fanzines, sitios y colecciones de libros que dan cabida a escritores hispanoamericanos. En Chile están Fobos y Tau Zero; en México y Cuba se publican antologías, colecciones de cuentos y novelas y se mantienen sitios especializados como CFMx y El Guaicán; Daniel Salvo mantiene CF Perú a trancas y barrancas, en Venezuela hubo Cygnus y renace la actividad con Ubikuniverso; en España... en España es tanto lo que se escribe y se edita que no podría sintetizarlo aquí. ¿Qué impide, entonces, que la ciencia ficción, la ficción especulativa y todas las formas de la fantasía y la conjetura alcancen en nuestros países un desarrollo análogo al de la ciencia ficción anglosajona?

Por apatía o por torpeza parecemos estar transitando un callejón sin salida, que se manifiesta en el hecho de que los textos producidos en español pasan inadvertidos, cuando no son juzgados por parte de los lectores como “de segunda categoría”. Hasta las excepciones, que son bienvenidas, por supuesto, no hacen más que poner de relieve la triste dependencia que condiciona nuestros hábitos de lectura.

Opino que el único pecado consiste en no reconocerse mutuamente como parte de un fenómeno colectivo. Debido a esto, el crecimiento de las manifestaciones locales queda circunscrito al país que las generó. Incluso España, con toda su potencia editorial, parece por momentos imaginar que su destino está limitado a los diez mil lectores capaces de comprar un libro en la península Ibérica, omitiendo la idea de que en América esa cantidad podría multiplicarse por diez.

Sí, ya sé. Pesan los “factores económicos” que hacen temblar el aire con sus monolitos de aplastar las ilusiones. No voy a hablar de los “factores económicos”, no teman. Voy a pedirles, en cambio, que me ayuden a pensar estrategias para emboscar a esos factores, a reducirlos, a maniatarlos y, si cabe, ponerlos a trabajar para nuestro bando.

Tal vez mi enfoque luzca excesivamente personal. No voy a eludir la responsabilidad: me siento protagonista y creo que sería nocivo escatimar opiniones y reflexiones en un escenario al que estoy ligado desde hace más de veinte años.

Sé que esto que escribo es una simple nota. No tiene ambición de manifiesto ni de piedra fundacional de nada. Pero una vez más, como hice en 1982 en la Argentina, me siento habilitado para lanzar una convocatoria a los escritores, a los editores, a los lectores. Hay una literatura que responde con mil voces a las presiones de la hora. Hay mil formas de ver la realidad, especialmente desde la especulación y la conjetura. Hay mil escritores preparados para ser escuchados. Hemos tenido las puertas y ventanas mucho tiempo cerradas, por temor, por ignorancia, por descuido. Es hora de abrirlas.

Sepamos todos quienes son Alejandro Alonso, Luis Saavedra, Tarik Carson, José B.Adolph, Antonio Mora Vélez, Jorge de Abreu, Juan Pablo Noroña, Federico Schaffler, Eduardo Vaquerizo, Fabio Ferreras, Sergio Amira, Adriana Alarco, Ronald Delgado, Ariel Cruz, José Luis Zárate, Alfredo Álamo, José Altamirano, Claudia de Bella, Ricardo Castrillo, José Antonio Fuentes Sánz... y otros, muchos otros; podría seguir y seguir hasta cubrir esas mil anunciadas voces.

Estamos en la etapa del reconocimiento, del mira cómo escribe ese cubano y no había imaginado que los españoles podían estar angustiados por estas cosas y vaya con el punto de vista de tal chileno y ¿te enteraste de que los venezolanos han puesto en marcha una revista? y te recomiendo un escritor mexicano que se las trae... Empiezan importarnos las opiniones de los amigos y desconocidos que están a miles de kilómetros de distancia, pero con quienes podemos compartir la lectura de un cuento o una novela; por fortuna, gracias a las herramientas electrónicas, las distancias han dejado de ser un obstáculo. Al establecer contacto con escritores y publicaciones del área lingüística “Ñ”, al averiguar qué estaban escribiendo, al pedirles material para proyectos que son mucho más que sueños locos, invitarlos a participar en foros y clubes, hemos descubierto, una vez más, los beneficios de la sinergia...

Aspiro, y creo que aspiramos todos, a generar una movida cuyos alcances, aún hoy, son insospechados.

Al poner en acción los mecanismos de realimentación, descubriendo que si bien nuestras problemáticas son distintas existen nexos visibles que unen temas y estilos o por lo menos propician el interés por conocer lo que hacen otros, advertimos que estamos mucho más cerca de lo que creíamos, que a veces tenemos enemigos comunes a los que combatíamos sin coordinación, y no hablo tan sólo del gran tablero de la política internacional...

El objetivo es expandir el horizonte de actividades más allá de las fronteras locales, alcanzando los límites del área lingüística y aún fuera de ella (primero el universo del portugués, luego el de los otros países latinos) para construir un escenario en el que podamos materializar los sueños, movilizar la imaginación y descuartizar las pesadillas.

Estoy seguro de que sólo tenemos que extender la mano. Y eso... eso no es historia.

© 2004 Sergio Gaut vel Hartman


Apuntes biográficos de Sergio Gaut vel Hartman

Nacido en 1947, en Buenos Aires, el escritor cree tener en claro que sus lecturas tempranas operaron como disparadores de su interés por la literatura: Salgari en primer lugar, y luego Verne, Stevenson, London, Wells, Swift, Raymond Jones, Wollheim... Ni siquiera la fuerte influencia de otra clase de autores, con los que se cruzó en la adolescencia (Anatole France, Herman Hesse, Ramain Rolland, Krishnamurti, José Ingenieros, el budismo zen, algo de literatura política y social) torcieron el rumbo hacia lo fantástico, aunque, no huelga decirlo, robustecieron su bagaje conceptual. Al mismo tiempo, leídos a la luz de una formación incompleta y entusiasta, llegaron los primeros grandes libros del género: Crónicas Marcianas, El Fin de la Infancia, Mercaderes del Espacio, Hacedor de Estrellas, La Tierra Permanece, Más que Humano. Hacia fines de la década del sesenta había escrito media docena de relatos, los mismos que, corregidos y vueltos a corregir terminaron pareciendo legibles y se fueron publicando en los años siguientes. Por entonces conoció a Graciela Parini, su compañera de toda la vida y el horizonte pareció ensancharse: una presencia estimulante, alguien con quien compartir, además, la pasión por la literatura. El primer fruto fue "Ardilla", publicado en 1970 en Nueva Dimensión Nº 15. Siguieron otros, incluso uno extraliterario: Ezequiel, hoy todo un estudiante de filosofía...

Se alternaron años buenos y malos. El resto de la década, con su clima opresivo y represivo, no fue favorable para la creación literaria, pero los 80’ y el regreso de la democracia en la Argentina, le dieron un brusco giro a la situación. En 1982, con la aparición de la revista El Péndulo y la posibilidad de armar el Círculo de Ciencia Ficción y Fantasía, se inició un lustro pleno de realizaciones concretas: Sinergia, Cuerpos Descartables, Parsec, Fase Uno, Latinoamérica Fantástica, La Ciencia Ficción en la Argentina.

De allí en adelante, el autor alternó picos de creatividad con actividades en zonas no literarias. No obstante, desde 1994 hasta la fecha ha vuelto a escribir y publicar con frecuencia. En este período se destacan su inclusión en la antología El Cuento Argentino de Ciencia Ficción, donde compartió el escenario con Borges y Bioy Casares, un número especial de Axxon, el 67, que le estuvo dedicado y su participación en diversas antologías, algunas de ellas no específicamente de cf, lo que marca el interés de la literatura general por “captar” autores del género.