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Escrito por Mario Moreno Cortina   
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Los dioses astronautas en la ciencia ficción
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Monolito de 2001 Una odisea del espacioLa Ciencia Ficción es un género complejo y curioso como pocos por varias razones...

 

 

 

LOS DIOSES ASTRONAUTAS EN LA CIENCIA FICCIÓN

 

por Mario Moreno Cortina

Premio Ignotus Mejor Artículo 2009

Premio Ignotus a Mejor Artículo 2009

Los nefilim existían en la tierra por aquel entonces (y también después), cuando los hijos de Dios se unían a las hijas de los hombres y ellas les daban hijos: estos fueron los héroes de la antigüedad: hombres famosos.

Gen: 6, 4

Más oscuro de lo que pensáis

A modo de introducción

La Ciencia Ficción es un género complejo y curioso como pocos por varias razones y la que más me llama la atención es la imposibilidad de delimitarlo. No importa lo extensa y exhaustiva que sea la definición que se proponga ―y ha habido muchas y de grandes autoridades en la materia―, siempre hay subgéneros enteros que quedan fuera. Desde luego, esto no es siempre accidental. Juan Ignacio Ferreras, en su famoso ensayo La novela de Ciencia Ficción, dice que el Space Opera no es Ciencia Ficción, sino la enésima reencarnación de la vieja novela de aventuras al estilo Alexandre Dumas, que se resiste a morir[1]. Otros, en sus propias definiciones, dejarán fuera las ucronías. O a Philip K. Dick. Por supuesto, todos lo harán sin ser del todo conscientes de que se están definiendo más a sí mismos que al género. En cualquier caso, en la inmensa mayoría de las definiciones de las que hablábamos antes, que pueden encontrar en Internet a poco que busquen, se hace hincapié en el papel de la Ciencia, el Método Científico o la Razón para construir los mundos fantásticos del género.

En mi opinión, lo que ocurre con la Ciencia Ficción es una interesante metáfora del pensamiento occidental contemporáneo. El ser humano moderno se cree hijo de una época racionalista que ha dejado atrás la magia y la superstición. Y en general es así… hasta que alguien apaga la luz. O hasta que el miedo nos bloquea. El pensamiento irracional está ahí, forma parte de nuestra forma de conocer el mundo que nos rodea. Sólo que no nos gusta convivir con él, porque estamos acostumbrados a obedecerlo y dejar que gobierne nuestras vidas, no a canalizarlo. Tres millones de años viviendo en las cavernas contra seis mil de civilización y apenas doscientos de Revolución Industrial.

Y de la misma manera, el escritor de Ciencia Ficción ―y sin duda, también el aficionado―, le gusta pensarse a sí mismo como un tipo culto con una variada colección de conocimientos sobre las más variadas ramas de las Ciencias Físicas y Humanas. Cuando crea sus historias, emplea todo ese bagaje ilustrado para extrapolar datos y crear sociedades y tecnologías con al menos una apariencia de verosimilitud y racionalidad. Pero ¿son únicamente éstas herramientas las que usa? ¿No hay otras tradiciones, otros conocimientos, otras sabidurías implicadas en el asunto?

Alexandrian identifica el momento en que nace esa otra tradición: con la aparición y éxito social del Cristianismo[2]. Los galileos ―como los llamaba el bueno de Juliano― no se conformaron con ser la principal religión: querían ser la única. El cristianismo persiguió no sólo la magia y las prácticas supersticiosas populares, sino también todas las otras religiones bajo su área de influencia, hasta su total y absoluta eliminación.

¿Total? Quizá he exagerado. Toda acción tiene una reacción. La presión de los galileos por eliminar el paganismo originó una corriente crítica ―escribo esta palabra con precaución― y ecléctica que aglutinó diversas religiones y tradiciones culturales paganas de Europa y Asia. Alexandrian llama a esa tradición “Filosofía Oculta”, un término tan bueno como otro cualquiera. Se trata de una vastísima corriente contracultural ―también escribo con precaución esta otra palabra― subterránea, cuyas primeras expresiones fueron el Neoplatonismo y el Gnosticismo, que llega hasta nuestros días y que goza de tan buena salud como entonces. Podemos utilizar el término de Alexandrian o podemos hablar de Esoterismo. O de Ciencias Ocultas. No importa, me basta con que se queden con la idea.

El Esoterismo es el convidado de piedra en la fiesta de la Ciencia Ficción. El tipo al que nadie dice haber invitado y que sin embargo está ahí. Ese que jamás aparecerá después en las fotos y del que sólo se hablará después con un gesto de desagrado. Y sin embargo, todas las chicas de la fiesta bailaron con él en un momento u otro. Todos los chicos rieron con sus chistes e incluso se dejaron invitar a una pinta por él.

Ahí va: el género de Ciencia Ficción es hijo tanto de la Ciencia oficial como del Esoterismo. Con tanta frecuencia como dejan sentir su influencia en el género los nuevos descubrimientos y logros tecnológicos, lo hacen las ideas de los investigadores paranormales. No olviden que uno de los principales responsables de que el género alcanzara su madurez, John W. Campbell (1910-1971), al tiempo que exigía una base científica para los relatos que publicaba en Astounding Science Fiction, utilizó la revista para expandir las teorías nacientes de la Dianética de L. Ron Hubbard (1911-1986), una extraña mezcla de ciencia ficción, esoterismo y religión. No dejes que tu mano derecha sepa que la izquierda lee a von Däniken, dijo Isaac Asimov.

Bueno, en realidad no lo dijo, pero podría haberlo dicho.

John W. Campbell jr., director de Astouding, y L. Ron Hubbard, creador de la Iglesia de la CienciologíaFoto: (dcha) John W. Campbell jr., director de Astouding, y (izda) L. Ron Hubbard, creador de la Iglesia de la Cienciología

En otro momento y lugar y con otro talante, hablé ya de la influencia de las tradiciones esotéricas en la Ciencia Ficción y ya avancé alguna de estas ideas. Entonces hablé de los continentes perdidos. Ahora me gustaría echar algo de luz sobre otra de esas corrientes ocultas que ha dejado su huella en la Ciencia Ficción. Es conocida como Paleoastronáutica o Astroarqueología tanto en círculos esotéricos como escépticos, aunque más frecuentemente se habla de ella como Los dioses astronautas.

 

Dioses, tumbas y gaters

Erich von Däniken y su herencia

Supongo que todos han visto Stargate, dirigida por Roland Emmerich y estrenada en 1994. Un grupo de arqueólogos descubre en los años 20 un extraño artefacto en Giza (Egipto); años más tarde, el profesor Daniel Jackson ―famoso por sus opiniones heterodoxas― es requerido para traducir unos documentos hallados junto al artefacto, que se encuentra ahora en las instalaciones militares de Cheyenne Mountain. Gracias a su aportación, el objeto es puesto en funcionamiento y crea un agujero de gusano, que transporta a un equipo formado por un pelotón de soldados al mando del coronel Jack O’Neil, con el profesor Jackson como asesor. Al otro lado encuentran un mundo desértico llamado Abydos[3], dominado por Ra, un extraterrestre que ha poseído el cuerpo de un humano. La población del planeta habla una lengua derivada del antiguo egipcio y vive completamente sojuzgada por Ra. Inevitablemente, el equipo se enfrenta a él y lo derrota.

Stargate (Roland Emmerich, 1994) es un film plenamente danikeniano. En la imagen, el momento en que es descubierta la puerta estelar en GizehFoto: Stargate (Roland Emmerich, 1994) es un film plenamente danikeniano. En la imagen, el momento en que es descubierta la puerta estelar en Gizeh

En un momento de la cinta, Jackson descifra unos relieves en los que los habitantes de Abydos dejaron constancia de su pasado. Así sabemos cómo llegó Ra a la Tierra hacia el 8.000 a.C., moribundo, y encontró un mundo rico y habitado. No sólo eligió un huésped humano que le permitiera alargar su vida, sino mano de obra barata para trabajar en las minas de Abydos, que enviaba a través de la puerta estelar que da título a la película. En un momento dado, los terrestres se rebelan contra Ra, éste sella la puerta que comunica ambos planetas y prohíbe la escritura para que el conocimiento del pasado se pierda.

El éxito de Stargate suscitó dos series de televisión con personajes reales ―Stargate SG1 y Stargate Atlantis―, una de animación ―Stargate Infinity― y un proyecto en marcha llamado Stargate Univers del que no se sabe mucho en el momento de redactar este artículo. Las dos series han enriquecido de forma extraordinaria el universo conceptual de la película, a pesar de que Dean Devlin y Roland Emmerich, autores del guión original de ésta, no reconocen como oficiales estas aportaciones. Sea como sea, en el universo de Stargate, las distintas mitologías de la Antigüedad (egipcia, griega, escandinava…) se originaron por el contacto con razas extraterrestres llegadas la Tierra, donde asumieron el papel de divinidades. Como hemos visto en el caso de Ra, no se trataba siempre de deidades benevolentes.

La película original de Emmerich me sorprendió en su día por dos razones. La primera, porque suponía el retorno de la Ciencia Ficción aventurera a las pantallas después de una década de sequía. La segunda, porque revitalizaba las teorías de un hostelero suizo llamado Erich von Däniken que habían sido muy populares en los años 70 y que yo creía completamente olvidadas. Y no podía ser de otra forma, puesto que Emmerich afirma que tuvo la idea original en 1979, leyendo un libro de Däniken. En aquel entonces, sus libros se encontraban entre los más vendidos en todas las listas y sus ideas eran ampliamente discutidas.

Se había dado a conocer en 1968 con la publicación de un libro titulado Recuerdos del futuro[4]. Fue el primero de una larga serie de best sellers ―que aún sigue escribiendo hoy día―, entre los que se cuentan títulos tan populares como Regreso a las estrellas[5] y El oro de los dioses[6], traducidos a todos los idiomas imaginables y cuyas ventas se cuentan por decenas de millones. Su influencia en la cultura popular es tan enorme que el antropólogo francés Wiktor Stoczkowski, en su obra Para entender a los extraterrestres, habla de “danikeismo” para referirse al fenómeno [7].

Erich von Däniken, autor suizo de varias decenas de best-sellers que popularizaron la teoría de los Dioses AstronautasFoto: Erich von Däniken, autor suizo de varias decenas de best-sellers que popularizaron la teoría de los Dioses Astronautas

La tesis básica de Däniken es que seres extraterrestres visitaron nuestro planeta en el pasado, crearon primero a la raza humana manipulando genéticamente a las hembras primates y después inculcaron en ella la cultura y la tecnología. Una vez completada su labor, volvieron al espacio y jamás regresaron. Según el autor suizo, las pruebas de la presencia de los alienígenas ―de los dioses astronautas― están a nuestro alrededor, en forma de ítems arqueológicos y mitos.

Algunas de esas pruebas son auténticos iconos de la cultura popular, como las líneas de Nazca (Perú), que Däniken interpreta como pistas de aterrizaje para astronaves extraterrestres o un relieve maya hallado en Palenque (México), en el que el suizo ve a un astronauta sentado en la cabina de su nave. Las estatuas de la isla de Pascua (Chile) o la pirámide de Keops en Egipto ―según las palabras de Däniken― son obras de ingeniería extraterrestre y se encuentran muy lejos de las capacidades de los pueblos antiguos a las que las atribuyen la Arqueología oficial. La huella de los astronautas que visitaron la Tierra en la antigüedad podía rastrearse también en las armas fantásticas y carros voladores de los poemas épicos hindúes, el Ramayana y el Mahabharata, así como en diversos relatos bíblicos ―como en la famosa cita del libro de Ezequiel― y en las dinastías míticas sumerias.

También cayó bajo el influjo de las teorías de Däniken el valenciano Pascual Enguídanos Usach (1923-2006). Este autor de bolsilibros, que firmaba como George H. White y Van S. Smith, es conocido sobre todo por ser el autor de la Saga de los Aznar, una serie de cincuenta y seis novelas escritas entre 1953 y 1978. Se trata de un Space Opera clásico que toma la forma de una historia del futuro a través de las hazañas de una familia de militares y estadistas. En la segunda parte de la serie, escrita entre 1974 y 1978 ―en plena fiebre editorial danikeista―, los humanos toman contacto con una raza milenaria, los bartpuranos, que recorrieron el universo en el pasado esparciendo la vida y la inteligencia. Las principales razas humanas del universo conocido ―la terrícola entre ellas― son fruto de su labor. En la novela El retorno de los dioses, ya muy cerca del final de la serie, los humanos viajan en el tiempo de forma fortuita hasta la época de formación de la cultura sumeria y encuentran al sacerdote Mu-Ra, mestizo de terrícola y bartpurano, poseedor de amplios conocimientos de astrofísica y de los poderes mentales de sus antepasados extraterrestres. Ante los sumerios, Mu-Ra es descendiente de los dioses, una idea plenamente danikeniana[8].

En el momento del contacto, los bartpuranos se han retirado a un gigantesco mundo anillo artificial para entregarse a una vida más sencilla, pero una extraña enfermedad genética se está cebando con ellos y la raza está a punto de extinguirse. La razón es que las almas de los bartpuranos, después de sucesivas reencarnaciones, están alcanzando la perfección e ingresando en la Dimensión Eterna.

Esta idea no es ajena en absoluto al universo de las series Stargate. Los Antiguos, la raza que construyó la red de puertas estelares, también abandona nuestro mundo material ―ascienden, por utilizar la terminología de la serie― y se convierten en seres de pura energía. Esta idea común ―con dos formulaciones diferentes, eso es cierto― es una herencia de la literatura esotérica vinculada a la teoría de los antiguos astronautas.

La película Misión a Marte (Mission to Mars, Brian de Palma, 2.000) tiene, en principio, un tratamiento menos pulp que Stargate y pretende dotarse de cierta verosimilitud en sus planteamientos. Sin embargo, nos sirve como ejemplo paradigmático. El astronauta Story Musgrave fue contratado como asesor técnico para una historia que pretende tener un cierto aire Hard Science, o al menos todo lo cerca de ello que Hollywood está dispuesto a estar. Incluso, el plan de la misión está tomado de una propuesta real de la Mars Society para enviar un vuelo tripulado al planeta rojo. Y sin embargo, toda la historia está cimentada sobre las mismas propuestas esotéricas que Stargate.

Misión a Marte. (Mission to Mars, Brian de Palma, 2000). En la imagen, la escena en el que la cara de Marte es desenterrada por un violento huracán

Foto: Misión a Marte. (Mission to Mars, Brian de Palma, 2000). En la imagen, la escena en el que la cara de Marte es desenterrada por un violento huracán

La historia comienza cuando la tripulación de la primera expedición a Marte decide explorar una montaña cerca del Valles Marineris que podría albergar una afloración de agua subterránea. Cuando los astronautas se acercan para investigarla notan un extraño sonido que proviene de ella y que atribuyen a una interferencia del rover. La lectura del radar dice que bajo la montaña hay grandes masas de metal. En ese momento, un pulso electromagnético quema los instrumentos y se levanta un violento vendaval que lo arrasa todo y mata a todos los astronautas excepto al comandante, Luke Graham. Mientras se va calmando el viento, la cámara va remontándose en el aire y nos muestra la construcción que se ocultaba bajo las rocas, barridas ahora por el viento: una gigantesca cara ovalada de ojos grandes y boca pequeña que responde a la perfección al arquetipo pop de un extraterrestre. Seguramente Brian de Palma no era consciente de la metáfora que había creado en esta escena: el viento alienígena se lo lleva todo y destapa lo que hay debajo, nada más y nada menos que la famosa cara de Marte[9], uno de los más populares ítems de la literatura esotérica, utilizado como supuesta prueba de que en el pasado existió una civilización avanzada en nuestro planeta vecino.

Inmediatamente se organiza una segunda expedición que sufre el necesario accidente que debe sufrir toda expedición a otro planeta para que haya un poco de buena y vieja aventura. Los tripulantes de la nave que logran llegar a la superficie encuentran al comandante Luke aún vivo. Durante todo el tiempo que ha permanecido solo, Luke se ha dedicado a investigar el sonido procedente de la cara de Marte y ha llegado a la conclusión de que contiene información sobre el ADN humano.

Lo que ocurre después podría haber salido de uno de los libros de von Däniken y aunque es la parte más endeble de la película es realmente la que más nos interesa: los astronautas se dirigen a la cara de Marte y logran acceder al interior, donde hay condiciones atmosféricas terrestres. Allí encuentran un gran modelo holográfico animado de nuestro sistema solar. Sorprendidos, ven Marte tal y como fue miles de millones de años atrás, un mundo habitable (y habitado) como la Tierra. La animación muestra como un gran meteorito golpeó el planeta y los marcianos se vieron obligados a emigrar. No sin antes haber sembrado la vida en la Tierra, entonces completamente yerma.

Misión a Marte es una película que resulta fallida en muchos aspectos, siendo el más llamativo ese final tan edulcorado que puede llegar a resultar sonrojante. Sin embargo, a nosotros nos interesa por la pervivencia de las ideas danikeistas en la Ciencia Ficción, en este caso en una película que presumía de su sólida base científica.