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Página 4 de 4 Quizá no tan culpable Charles Fort y El libro de los condenados En 1919, un periodista neoyorquino llamado Charles Fort (1874 - 1932) publicó un libro con título sugerente: El libro de los condenados (The Book of the Damned). Utilizando una prosa extraña y enrevesada y un estilo argumentativo torticero y oscuro, Fort intentaba mostrar al mundo toda una serie de fenómenos extraños sin aparente conexión entre sí. Desde la lluvia de ranas a la teleportación. Casi treinta años antes de que los avistamientos de Kenneth Arnold pusieran de moda el fenómeno OVNI, Fort sostenía que nuestro planeta estaba siendo visitado ―desde el más remoto pasado― por astronaves alienígenas y recopila avistamientos a lo largo del planeta de aeronaves en forma de dirigible: Si considero a otro mundo comunicándose en el mayor secreto con algunos habitantes muy esotéricos de nuestra Tierra, me será necesario considerar también otros mundos intentando comunicar con todos los habitantes de nuestra Tierra, después vastas estructuras costeándonos a kilómetros de distancia, sin el menor deseo de ponerse en contacto con nosotros, como buques de cabotaje cruzando de isla en isla sin hacer su elección. Después creo que tengo también datos sobre una vasta construcción, que ha llegado numerosas veces a hacernos una visita subrepticia, hundiéndose en el océano y permaneciendo sumergida, después volviendo a partir hacia lo desconocido. ¿Cómo explicaría un esquimal a un navío venido a aprovisionarse de carbón (que abunda en las playas árticas, pero cuya existencia desconocen los nativos) y volviendo a partir sin intentar la menor tentativa diplomática? Resultará difícil a mucha gente admitir que nosotros podamos no ser interesantes. Admito que se nos ha esquivado, probablemente por razones morales. Pero la noción de los visitantes extraterrestres en China, durante lo que nosotros llamamos el período histórico, no será más que moderadamente absurda cuando la abordemos. Admito que varios de estos otros mundos puedan poseer condiciones de vida análogas a las del nuestro, pero creo que algunos son tan diferentes que sus emisarios no podrían vivir entre nosotros sin medios artificiales de adaptación. ¿Cómo podrían respirar nuestro aire atenuado los visitantes venidos de una atmósfera gelatinosa? Quizá con máscaras. Como aquellas que se han encontrado en los antiguos depósitos. Algunas eran de piedra, y son atribuidas a un atavío ceremonial de las poblaciones salvajes. Pero la máscara encontrada en 1879 en Sullivan Country, Missouri... ...¡Era de hierro y plata![33] Aquí está ya toda la panoplia argumental que 50 años después popularizaría Erich von Däniken, incluyendo las pruebas en forma de ítems arqueológicos de dudosa adscripción para la Ciencia oficial. Una década antes de que Lovecraft escribiera La llamada de Cthulhu, Fort había realizado ya la mixtura entre la Ciencia Ficción y las tradiciones esotéricas de civilizaciones perdidas que trajo al mundo a los dioses astronautas. La hipótesis de que Williamson, Bergier, Charroux, von Däniken y otros se tomaron demasiado en serio las narraciones de Lovecraft es atrevida y atractiva, pero la explicación más sencilla es casi siempre la que más se acerca a la realidad. El libro de los condenados ―así como el resto de la producción de Fort―, conocieron el éxito y parece que el libro causó un buen revuelo e impresionó a algunas personas. Sprague de Camp afirma que Lovecraft leyó a Fort[34] y utilizó sus ideas como utilizó también las de Blavatsky: como inspiración puramente literaria, ya que no creía una sola palabra de lo que decían uno y la otra. Foto: Charles Fort (1874 - 1932)
Fort amplió sus teorías en otros libros posteriores: New Lands (1923), Lo! (1931) y Wild Talents (1932). La revista Astounding Science Fiction, publicó Lo! en forma de serial en 8 partes cuando el director era aún Tremaine. John W. Campbell también leyó a Fort y le dio crédito, aunque le reprochaba su falta de método y su prosa oscura. Sin duda, debió ser en Astouding donde Jacques Bergier, compulsivo lector de pulps, conoció a Charles Fort, quien parece haber inspirado El retorno de los brujos. Seguramente también en este contexto Arthur C. Clarke fue inspirado por las teorías forteaneas ―aunque, a diferencia de Lovecraft, parece que se las tomaba muy en serio― y las utilizó para escribir "El centinela" (The Sentinel, 1953), historia que reciclaría en 1968 para el guión cinematográfico de 2001, una odisea espacial. Quizá la hipótesis de que los Dioses Astronautas nacieron en el seno de la Ciencia Ficción y pasaron al campo de las teorías esotéricas no sea, después de todo, tan descabellada, aunque habría que matizarla. Charles Fort era un escritor de Ciencia Ficción frustrado. En 1915 escribió dos novelas tituladas X y Y. X tenía un tema inquietante: la posibilidad que la vida en la Tierra estuviera controlada por una civilización ubicada en Marte. La segunda hablaba de la existencia de una civilización maligna en la Antártida[35]. Hubo un intento de publicación por parte del editor Theodore Dreiser (1871-1945), pero por alguna razón el proyectó no salió adelante y Fort decidió destruir los manuscritos. Sin embargo, decidió reciclar varias de las ideas contenidas en las novelas en la redacción de El libro de los condenados. Nuevamente vemos como Ciencia Ficción y esoterismo son vasos comunicantes. Aunque quizá, quien primero recogió el testigo de Charles Fort fue Eric Frank Russell (1905-1978), un escritor de Ciencia Ficción británico que se convirtió en un apasionado forteano. No sólo se limitó a popularizar sus ideas en una serie de artículos, sino que las utilizó con frecuencia en sus novelas. Barrera siniestra (Sinister Barrier, 1939)[36] es una novela alocada y conspiranoica: un científico, buscando una fórmula que le permita ampliar la visión humana, descubre que la vida humana está controlada, quizá desde el inicio de la historia, por una raza extraterrestre ―los vitones― que nos usa como fuente de energía. Dreadful Sanctuary (1948)[37] tiene tintes aún más siniestros, ya que parte de la hipótesis de que la Tierra es una especie de manicomio cósmico al que han ido a parar los elementos más insanos de los distintos mundos del sistema solar ―los blancos procedemos de Marte― siendo los chinos la única raza aborigen.
Concluyendo A modo de epílogo Los astronautas que visitaron la Tierra en el pasado más lejano para traernos la vida, la civilización, la cultura o la tecnología ―o todo ello a la vez― nacieron como una teoría seudocientífica en el momento en que la literatura de Ciencia Ficción había popularizado ya la idea de que podían existir civilizaciones en otros planetas con tecnología suficiente para viajar a través del espacio y visitar nuestro planeta. Las viejas leyendas sobre civilizaciones perdidas y las teorías blavatskianas sobre razas prehumanas que dominaron la Tierra millones de años antes de que el Hombre apareciera sobre ella proporcionaron la panoplia de argumentos, puntos de interés y pruebas arqueológicas que hoy día hacen reconocible al danikeismo. La literatura de Ciencia Ficción fue el contexto, el crisol, en el que esa fusión se produjo y la revista Astouding el medio por el que fue dada a conocer al mundo. Una vez consolidada, la teoría de los Dioses Astronautas proporcionó una buena base de inspiración para los escritores de Ciencia Ficción y no parece descabellado pensar que el flujo de ideas pudo tener doble sentido. El éxito editorial de Erich von Däniken en los años setenta únicamente dio nuevo impulso a una vasta corriente que ya fluía desde 1919. Curiosamente, la teoría había nacido en Estados Unidos, pero fue en Europa donde se desarrolló plenamente. El italiano L. R. Johannis, seudónimo de Luigi Rapuzzi (1905 - 1968), escribió C’era una volta un pianeta (1954) y su continuación Quando era aborigeno (1955), dos historias plenamente danikenianas que comienzan 400.000 años antes del presente con la lucha entre la pacífica civilización marciana y la belicosa rhaniana. La devastación de su planeta a causa de la guerra obliga a los marcianos a refugiarse en la Tierra. La mezcla genética con los aborígenes da lugar a una nueva raza que conoce su esplendor en Mu y la Atlántida. Francis Carsac, seudónimo tras del que se ocultaba el prestigioso prehistoriador francés François Bordes (1919-1981) escribió en 1954 la novela corta Tache de rouille, cuyo protagonista es un alienígena cuya nave queda varada en la Tierra del Paleolítico y provoca sin quererlo la revolución cultural. Los Dioses Astronautas no aparecen únicamente en antiguas novelas que sólo pueden encontrarse en las librerías de viejo, ni son patrimonio de la serie B y la Ciencia Ficción más aventurera y científicamente menos exigente. El ciclo de novelas conocido como serie del Ekumen[38] de la californiana Ursula K. LeGuin, tiene como base la idea de que todas las razas humanoides que pueblan el universo conocido son descendientes de los Hain, una civilización que se colapsó después de haber colonizado decenas de mundos, el nuestro entre ellos. Con el paso del tiempo, la teoría ha devenido en uno de esos temas universales que pertenecen al vasto acervo cultural de la Ciencia Ficción, junto con las Colonias Perdidas, los Imperios Galácticos, los Viajes en el Tiempo y otros muchos, continuamente alimentado por las especulaciones de los modernos esotéricos, herederos de von Däniken y Charroux. Quizá muchos de los autores que recurren al arquetipo lo hacen con el mismo espíritu esteticista y escéptico con que Lovecraft tomó los escritos de Charles Fort, porque así es como funciona el proceso creativo del gran y estupendo crisol que es la Ciencia Ficción. En cualquier caso, los Dioses Astronautas gozan de tan buena salud como hace treinta años, en plena fiebre danikeniana, y parece que seguirá igual durante mucho tiempo. © 2008 Mario Moreno Cortina
[1] Ferreras, Juan Ignacio. La novela de Ciencia Ficción. Siglo XXI. Madrid, 1972 [2] Alexandrian. Historia de la Filosofía Oculta. Valdemar. Madrid, 2003. [3] El nombre de Abydos ya debería situarnos en contexto. Abydos es el nombre de una localidad egipcia mencionada a menudo por los investigadores danikeistas, debido a unos jeroglíficos hallados en su templo. Para ampliar información pueden consultar la web: www.fraudesparanormales.com (última visita, 25 de diciembre de 2007). [4] Däniken, Erich von. Recuerdos del futuro. Plaza & Janés editores. Barcelona, 1972. [5] Däniken, Erich von. Regreso a las estrellas. Plaza & Janés editores. Barcelona, 1978. [6] Däniken, Erich von. El oro de los dioses. Mr Ediciones. Madrid, 1974. [7] Stoczkowski, Wiktor. Para entender a los extraterrestres. Acento. Madrid, 2001. [8] Por si había alguna duda, Enguídanos hizo un pequeño homenaje a su inspirador en la novela Vinieron del futuro, dando el apellido Däniken a un teniente alemán. [9] La denominada “cara de Marte” es una estructura geológica de la región de Cidonia fotografiada por vez primera por la misión Viking 1 en 1976. Fotografiada más recientemente por las cámaras mucho más potentes de la Mars Global Surveyor, su carácter natural y no artificial había quedado plenamente demostrado cuando estrenó Misión a Marte. Por eso se hacía necesaria la capa de rocas que la cubre en la película. [10] Randi, James. Fraudes paranormales. Fenómenos ocultos, percepción extrasensorial y otros engaños. Tikal ediciones. Girona, 1994. Pag. 142. [11] H. Rider Haggard tenía en mente las teorías de Mauch cuando escribió en 1885 Las minas del rey Salomón. [12] Como es el caso de Robert Charroux, un radical antisemita. Hablaremos de él más tarde. [13] Y con frecuencia maleducado. Muchos escépticos militantes creen que discutir tranquila y educadamente con defensores del esoterismo o desarrollar una argumentación razonada sobre sus ideas no sirve sino para darles la oportunidad de venderse a la opinión pública como iguales de los científicos. Entiendo sus razones y es cierto que permitir que determinadas ideas se comparen en un plano de igualdad con las de científicos serios puede ser peligroso, pero se trata (con perdón) de una cuestión de talante. No me da la gana ser maleducado y punto. [14] Siempre me ha resultado gracioso esta clasificación de Clark dentro del Hard. O bien la gente maneja un concepto de “ciencias duras” diferente al que me han enseñado a mí, o bien han leído poco a Clark. No sólo se hace eco de la teoría de los dioses astronautas en 2001, una odisea espacial: en Cánticos de la lejana Tierra, se utiliza la fusión fría en el futuro. Menos conocida fue su credulidad en relación a los supuestos poderes del israelí Uri Geller y su apoyo a la investigación sobre diversos fenómenos paranormales como la telekinesia. Al parecer, Clarke había leído al conocido autor esotérico Charles Fort (1874-1932) y estaba muy influenciado por él. Hablaremos más tarde de Fort. [15] Goodrick-Clarke, Nicholas. Las oscuras raíces del nazismo. Editorial Sudamericana. Buenos Aires, 2005. [16] Para una visión crítica de H. P. Blavatsky y la Teosofía pueden consultar la obra El mandril de madame Blavatsky, de Peter Washington. Fue publicada por Ediciones Destino en 1995. [17] Ambas en Editorial Sirio en 1988. [18] Hay aquí una evidente herencia gnóstica en la concepción del alma humana como algo caído en la materia y que aspira a volver a las alturas. Por otro lado, resulta interesante como el gnosticismo hereda de las religiones paganas la creación del hombre como un acto de divinidades secundarias. [19] No está de más señalar que, en la cosmogonía blavatskiana, el Hombre aparece en la Tierra hace 18 millones de años. Las primeras razas matriz, incorpóreas y espirituales, no dejaron rastro de su paso. [20] Para los partidarios del racismo como explicación para la teoría de los dioses astronautas, no me resisto a aportar un dato interesante: Williamson contactó con Adamski a través de W. D. Pelley, un rendido admirador de Hitler y fundador en 1933 de la Legión Plateada de América, una organización fascista. Parece que incluso colaboró con ésta. [21] No he podido encontrar ediciones españolas de sus libros. La Wikipedia menciona estos: Other Tongues - Other Flesh (1957), Secret Places of the Lion (1958), UFOs Confidential with John McCoy (1958), Road in the Sky (1959) y Secret of the Andes (1961). Si alguien tiene conocimiento de alguna edición de las obras de Williamson en nuestra lengua, le agradecería que me escribiera. Sí he encontrado una edición online de El secreto de los Andes: http://www.bibliotecapleyades.net/atlantida_mu/secreto_andes/secreto_andes.htm [última visita: 31 de diciembre de 2007] [22] Ver nota 14. [23] Hay edición española: Charroux, Robert. Cien mil años de Historia desconocida. Plaza & Janés. Barcelona, 1982. [24] No me resisto a hacer un comentario. Zecharia Sitchin es ruso de nacimiento, al igual que H. P. Blavatsky, Jacques Bergier e Immanuel Velikovsky ―de quien me ocuparé en otra ocasión―. No estaría de más rastrear la literatura esotérica rusa porque parece haber un cierto caldo de cultivo en ese país. [25] Colavito, Jason. The Cult of Alien Gods: H.P. Lovecraft And Extraterrestial Pop Culture. Prometheus Books. New York, 2006. [26] De Camp, L. Sprague. Lovecraft, una biografía. Valdemar. Madrid, 2002. [27] Tal y como señala de Camp en su biografía, los héroes de Lovecraft tienen un sistema nervioso más bien delicado y tienden a quedar paralizados por el pánico al más mínimo atisbo de algo que se sale de lo común. Desde luego, no hace falta ser psicólogo para ver en ello la personalidad del propio Lovecraft. [28] Esta referencia a la Teosofía de H. P. Blavatsky no es casual ni es la primera en toda la narración. Ya hemos visto cómo Lovecraft utilizó sus ideas como inspiración literaria sin creer en ellas. [29] Lovecraft, H.P. En la cripta. Alianza Editorial. Madrid, 1980. Traducción de Aurelio Martínez Benito. Pag. 135. [30] Compuesta por Ella (She, 1887), Ayesha, el retorno de Ella (Ayesha, The Return of She, 1905), Ella y Allan (She and Allan, 1921) e Hija de la sabiduría (Wisdom’s Daughter, 1923). Las cuatro pueden ser encontradas en castellano. Excede el propósito de este artículo detallar el argumento de la serie. [31] Lovecraft, H.P. En las montañas de la locura. Biblioteca de fantasía y terror, Alianza editorial. Madrid, 2007. Traducción de Fernando Calleja. Pag. 31. [32] Las palabras de Lovecraft son “por travesura o por error”, lo que es un elemento gnóstico clarísimo, quizá heredado vía Blavatsky. [33] Fort, Charles. El libro de los condenados. Ediciones Petronio. Barcelona 1976. [34] Op. cit. Pag. 434. [35] Desconozco si Lovecraft llegó a tener noticia de esto; sería interesante comprobar si pudo servir de inspiración para su novela En las montañas de la locura. [36] Hay edición española. Russell, Eric Frank. Barrera siniestra. Editorial Tridente, colección Pulsar Ficción. L’Hospitalet de Llobregat, 1992. [37] Según parece, fue publicada en forma de serial en Argentina bajo el título Sabotaje interplanetario, pero me ha sido imposible encontrar esa versión, por lo que mi información sobre la novela es de segunda mano. Agradecería cualquier información al respecto. [38] La serie del Ekumen contiene algunas de las mejores obras de Ciencia Ficción escritas nunca. Está formada por las novelas: El mundo de Rocannon (1964), Planeta de exilio (1966), Ciudad de ilusiones (1967), La mano izquierda de la oscuridad (1969), Los desposeídos (1974), El nombre del mundo es bosque (1976), Cuatro caminos hacia el perdón (1995) y El relato (2000), además de diversas narraciones cortas. Recomiendo particularmente Los desposeídos y La mano izquierda de la oscuridad porque se trata de esas novelas que crean afición al género.
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