Sergio Gaut vel HartmanLa literatura fantástica vista bajo la óptica de Sergio Gaut vel Hartman. Sergio ha nacido en la Argentina en 1947 y desde hace muchos años desarrolla una gran actividad sobre la ciencia ficción a través de Internet. Ha publicado relatos a partir de un ya lejano 1970, fue finalista de los Premios Minotauro y UPC, ganó el Ignotus en la categoría ensayo en el 2007 y compiló varias antologías, además de manejar varios blogs de microficciones y el sitio Sinergia, una versión web de su revista de la década de 1980.



Hablando con Armando Rosselot I PDF Imprimir E-mail
Escrito por Sergio Gaut vel Hartman   
Lunes, 21 de Junio de 2010 00:00

Sergio Gaut  vel HartmanArmando Rosselot es un escritor chileno de 42 años que está casado, tiene dos hijos y reside en la capital de su país, Santiago. Amante de todo lo que no sea obvio y huela a mercado, prefiere el arte a los negocios y otras cosas por el estilo. Ha publicado textos en sitios como NGC 3660, Aurora Bitzine, Tauzero, Axxón y Alfa Eridiani y blogs como Ráfagas, parpadeos y Químicamente impuro. En papel tiene un texto (“La buena suerte”), en el Especial Asimov de libro Andrómeda, otro en la antología chilena TXT (“Los niños se aburren por la tarde”), cuento que se repitió en una de las compilaciones del grupo Poliedro, donde también aparecieron “Corazón de melón”, “El informe 5002”, “El encuentro”, “La buena suerte” y “Madejas”. Esta intensa actividad se ha visto coronada por la publicación de la novela Te llamarás Konnalef  (Editorial Forja, 2009), y por la futura aparición del libro de cuentos El triturador de cabezas, programado por Ediciones Andrómeda de Buenos Aires para el segundo semestre de 2010.

 


Hablando con Armando Rosselot

 

 Por Sergio Gaut vel Hartman
 
Puede leer la segunda parte de esta Columna: Hablando con Armando Rosselot  (relato) si pulsa aquí.
 
 

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Dónde naciste y cómo fue tu infancia?

Armando Rosselot: Nací en Santiago de Chile un otoño de 1967, el 31 de marzo. Mi niñez la pasé bastante solitario, ya que fui hijo único del matrimonio de mis padres, ambos ya fallecidos. Hice grandes y largas amistades que duran hasta estos días. Me dediqué a crear juegos y mundos para entretenerme, así como caricaturas y chistes en grabadora (con efectos especiales y todo). Estudié toda mi niñez en un colegio inglés.

¿Cómo te conectaste con la literatura?

Mi padre era abogado y mi madre dueña de casa, aficionados a la lectura desde siempre, con lo que en mi casa siempre hubo, y hay hasta hoy, muchos libros de todo tipo y revistas, las cuales no paraba de hojear en esas aburridas tardes de invierno frías y lluviosas. Ahí conocí a Julio Verne, cuando tenía alrededor de diez años, a H.G. Wells con una copia de los años veinte de la Guerra de los Mundos (ese libro era tan viejo que no se podían doblar las páginas ya que se quebraban); ese lo leí a los doce o trece años. Otro libro que recuerdo era El Cid de Huidobro, Doña Bárbara de Rómulo Gallegos (que me dieron a leer en el colegio, a los quince), la colección completa de Sandokán, en unos libros de tapa de cobre que aún poseo, Horizontes perdidos, en una colección del Reader´s Digest (Selecciones para nosotros) en la cual también estaban Las aventuras de Tom Sawyer, Trafalgar, El llamado de la Selva y otros más. Sí que leí de niño. Ya después, con la adolescencia me olvidé un poco de los libros y revistas, hasta de mi revista de cómics: Time Table, la cual llevaba al colegio y se pasaba de mano en mano para una vez al mes, a veces dos (me gustaba mucho contar chistes con dibujos; la gracia, era que eran de exclusiva invención mía). Leí con placer algunos libros obligatorios del colegio: El túnel, Pedro Páramo y El llano en llamas (que graaaaaan libro!!!!) y nada menos que Todo un hombre, de Unamuno.

¿Y con las chicas, cómo te fue?

A los catorce comenzó el llamado del sexo opuesto y me olvide de leer hasta los dieciocho, un día muy aburrido, en la playa. Ya después de que todo el mundo se había vuelto a la ciudad al terminar el verano del 85 (pre terremoto) y a mí me quedaba una semana más, cometí el “error” de comprarme Fundación de Isaac Asimov, esa fue mi perdición. Sí, porque antes leía, pero también jugaba a la pelota, me subía al techo de mi casa donde hacía bases “espaciales” con soldaditos de plástico, cajas, Lego, y aviones para armar y jugaba a la guerra interplanetaria solo y a veces con mis vecinos. Los ataques eran realmente buenos, si hasta llenábamos jeringas con bencina blanca y las usábamos como lanza llamas o armas de destrucción masiva contra los pobres soldaditos y figuras de plastilina. Luego de Asimov, todos entramos a estudiar a la U, cada vez nos juntamos menos y los amigos se fueron perdiendo poco a poco, sólo estaba la novia de turno, la U, la casa, las fiestas con gente nueva y todo lo que se hace a esa edad. Asimov me llevó, definitivamente al foso de la ciencia ficción, jajaja.

Entonces fue el turno de la universidad, ¿no es cierto?

Entré en el 85 a estudiar leyes. No aguante más de dos años y en el 87 cambié por Comunicación Audiovisual (no existía una buena escuela de cine en esos años). En 1988 me cambié a Tecnología en Sonido, carrera de la cual me titulé en 1992. Siempre había querido tener un estudio de grabación hacer y producir música, nunca tuve el dinero suficiente para ello y, luego de trabajar en la TV durante el año de mi graduación, me casé al año siguiente con mi actual esposa. Luego  quedé cesante por algunos meses hasta que, un primo, accionista de una empresa distribuidora de carne al vacío y congelada, me contrató en su empresa; prometiéndome el oro y el moro si alcanzaba ciertas metas. Ahí conocí el frío y detestable mundo empresarial, ya que, una vez cumplidas con creces las metas, nunca se me dio lo prometido. Me fui. En ese periodo de crisis comencé a escribir con mayor énfasis, ya que algo había hecho durante los años 88, 89 y 90; sobre todo a lo relacionado con poesía (mi placer culpable).

¿Dónde te formaste, literariamente hablando?

Estuve en algunos talleres de poesía y cuento el año 93, y luego durante el 95 y el 96. Ese fue un gran periodo de creación. Escribí poesía, muchos cuentos y deje anotadas ideas para muchos otros, que recién estoy desarrollando ahora. De esos ya hay algunos publicados tanto en la red como en papel. Desde 1996 hasta 2005 no hice casi nada vinculado con la literatura, alguno que otro poema por ahí, alguna idea y nada más. Ese año (el 2005), creo, desperté literariamente, ya que había viajado mucho durante esos nueve años anteriores, conocí muchos lugares y gente. Y eso, es increíblemente útil para escribir.

¿Por dónde has estado en tus viajes?

Mis viajes se produjeron debido a mi trabajo, durante aquellos años formé una empresa familiar, dedicada a la venta, distribución, capacitación y servicio técnico de aparatos para sordos (audífonos). Hoy esa empresa ya no existe, no sé si la haga renacer nuevamente, creo que tanto esfuerzo y rodearse de comerciantes e idiotez no vale la pena. Sigo en el mismo rubro, pero sólo prestando servicio y capacitando a nuevos Audioprotesistas.

¿Cómo es tu vida en este momento?

Hoy en día, luego de 18 años sigo casado. Tengo 2 hijos maravillosos (él y ella) y espero poder seguir produciendo historias, aunque a veces me falte el tiempo y la tranquilidad para poder hacerlo con mayor regularidad y eficiencia.

¿Qué escribes?

Mucho de lo que escribo se debe en gran parte y obviamente, lo que he leído, y a la música. Gustoso desde los doce años de la música, empecé con los Beatles, Queen y ELO, luego seguí con el rock pesado como Black Sabbath, Led Zeppelin, Deep Purple, Iron Maiden, Metallica, para terminar (luego de estudiar música) fanático del rock progresivo: Yes, Genesis, Eloy, Triunvirat, Pink Floyd, Jethro Tull, Marillion, Pendragon, Arena, etc… Siempre estoy buscando nuevos sonidos y, no pierdo la esperanza de algún día hacer un buen disco de rock industrial-neoprogresivo-étnico (un poco abarcador el tipo, ¿no?). Sí, ya que la música siempre me ha inspirado, tanto a nivel poético como en ideas de historias (cuando viajaba, sobretodo en bus, al escuchar cd’s o cassettes me imaginaba muchas historias de diversa índole y temática. Tanto fantástica como no fantástica).

¿Quiénes son tus autores preferidos?

Algunos de mis autores favoritos en lo que a literatura fantástica se refiere, son: Frank Herbert, Isaac Asimov, Rene Berjavel, H.G. Wells, Dan Simmons, Arthur C. Clarke, Tolkien, Lovecraft, Philip K. Dick. Amo sobremanera Crónicas marcianas de Bradbury y La Ciudad de Levrero. De hecho me encanta la poesía surrealista y sus derivados, algo de eso se puede encontrar en mi blog.

¿Tienes otros amores, además de tu familia y la literatura?

El cine, es otro gran amor. Espero tener un buen guión antes de diez años. Amo el cine de los 30’s y 40´s (ese blanco y negro “especial” y esas ropas y mujeres fatales), algo de los 50 (CF, obvio) y de los 60 y 70. Rescato mucho de los 90, pero creo, que luego del 11 de septiembre del 2001 el cine americano (hollywoodense) cambió radicalmente, con lo que, para mí, el cine independiente, oriental y el europeo llevan la batuta. Películas favoritas: Gone with the wind, Dark City, casi todas la de los Hermanos Marx, Forrest Gump, North by Norwest, The birds, El bueno, el malo y el Feo, A man called Horse, Midnight Express, Apocalipse Now, Truman Show, Blade Runner, Enemy mine, Alien (1, 3 y 4), Terminator I, El exorcista, The Omen (las tres),War of the Worlds ( la de Spilberg y la de los 50), Big Fish, Pulp Fiction… etcétera. Uf, deben haber más, y obviamente de los 40 (cine negro), pero no me acuerdo de los nombres ahora (en TCM dan siempre). Sé que no hay muchas de CF, la verdad, por lo general son malas o simplonas, sin buenos personajes e historias muchas veces obvias (pero igual las veo y disfruto). Por eso en la CF y fantasía prefiero INDUDABLEMENTE la literatura. Como dice mi señora: estos tipos parecen que no tienen vida y sólo salen para decir sus líneas en la película y se van… y casi siempre, lamentablemente, tiene razón. Algunas excepciones: (Series) Battlestar Galactica, Dr. Who (las últimas 5 temporadas, realmente hay capítulos excelentes pero igual a mi esposa no le gustan). Es más, ella es una excelente crítica, ya que al no ser proclive a la CF y a la fantasía lee más allá del gusto por lo maravilloso o espectacular de un texto. Me pone de patitas en la tierra.

¿Tus proyectos? Porque los tienes, supongo.

En este momento acabo de publicar mi primera novela: Te llamarás Konnalef. Es una obra de temática épico-fantástica, con ribetes indudablemente latinoamericanos y también universales. No es 100% CF ni fantasía, ya que creo que sólo toma elementos de ambos géneros y los usa sin abusar, pues eran necesarios para el desarrollo de la historia como tal y su desenlace. La trama toca la fibra del dominio, del abuso de poder y del uso de las personas para intereses mezquinos, la lucha por la liberación del que está predestinado a luchar por su libertad y la de los suyos, su conflicto interno, su final liberación y la aceptación de su destino. Creo, sin presumir, que es una buena novela.

Ahora estoy escribiendo una novela corta y una larga (en la cual llevo ya dos años), me paso de una a otra dependiendo de mi tiempo y ánimo. Espero tenerlas terminadas en los próximos meses. Luego pretendo escribir dos más que están listas para empezar a ser concebidas, una es una Space Ópera (tres partes o libros, ya listas las tramas y personajes y empezada la primera) y otra, una novela de carácter humano que casi no tiene elementos fantásticos, pero ese casi es “bastante” grande. Tengo también una novela on-line, la cual estoy corrigiendo y escribiendo de a poco: La historia de mi puta vida; una historia de viajes en el tiempo y realidades paralelas junto a alienígenas manipuladores de la realidad.

También pretendo sacar mi segundo libro de poemas (ya listo) y un libro de cuentos, que se editará en Argentina. Todo dependerá si estoy en el lugar y en el momento preciso. Más que mal, casi todo es eso.
 

© Sergio Gaut vel Hartman Junio 2010

 
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Escrito por Armando Rosselot   
Lunes, 21 de Junio de 2010 00:00

Portada de la novela Te llamaras Konnalef de Armando RosselotArmando Rosselot por Sergio Gaut vel Hartman

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Escrito por Sergio Gaut vel Hartman   
Lunes, 01 de Febrero de 2010 00:00

Sergio Gaut vel HartmanLa novena entrega de esta columna vuelve a recalar en España y nos permite descubrir a Josep Martin Brown, un joven talento que acaba de ser publicado en la antología Cefeidas, que compilé junto a Jordi Bonet para ediciones Mandrágora. Esta vez no han transcurrido dieciocho meses, ni nueve, ni cuatro y medio. Hace apenas dos meses y medio que tuvimos la visita de Daniel Frini y tal vez no transcurra siquiera ese lapso para que se publique otra entrega de “Entre Ushuaia e Irún”. ¿Quieren saber qué ha ocurrido? Es muy sencillo: esto nos gusta cada día más, a los directores y a mí, por lo que nos hemos propuesto aumentar la frecuencia de las presentaciones de jóvenes escritores hispanoamericanos. Así que pasen y lean a Josep Martin Brown y sepan desde ya que se puede esperar de su carrera

 


Hablando con Josep Martin Brown

 

 Por Sergio Gaut vel Hartman

 

Puede leer la segunda parte de Hablando con Josep Martin Brown (relato: "El último hombre") si pulsa aquí.


Sergio Gaut vel Hartman: ¿Te llamas Josep Martin Brown? ¿Eres anglosajón?

Josep Martin Brown: Es un seudónimo. Mi nombre verdadero no importa. Además es feo y está lleno de cosas que no me gustan. Pero corresponde a las iniciales de APG.

Sergio Gaut vel Hartman:
Háblanos de tus orígenes, entonces.


Josep Martin Brown:
Si la vida de un hombre es una novela histórica, entonces puedo decir que soy hijo de los españoles que se refugiaron en las montañas tras la expulsión de los moriscos. Mi madre trabajó pastoreando vacas y ovejas hasta los catorce años con sus padres y sus seis hermanos. A las montañas que separan las provincias de Castellón y Teruel apenas llegó el franquismo ni los curas, como tampoco lo hizo ni la electricidad ni el agua corriente. En esa cultura de la pobreza, aislada del resto del mundo y con serios problemas de endogamia, subsistieron los míos durante siglos hasta que se sintieron atraídos –como casi todos- por el desarrollismo de finales de los 60.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿En qué región está ese pueblo?     

Josep Martin Brown: Pude hacer nacido en Barcelona o Valencia… Pero al final mi abuelo decidió asentarse en Onda, un pequeño pueblo industrial de la Plana de Castelló. Pero antes hizo lo que muchas familias pobres de la época tenían por costumbre y que explica muchas de las cosas que me sucedieron después. Puso a sus tres hijas “a servir”. Esto es, en los años sesenta la servidumbre de las casas adineradas se reclutaba en la bolsa de la emigración, pero en aquella época la emigración era interior. A mi madre le tocó servir en la familia de un médico de la capital, Castellón. A los 18 años, en uno de esos jueves por la tarde que libraba conoció a mi padre, un hombrecillo montado en Vespa que debió de parecerle a mi madre un príncipe azul.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Cuándo naciste?


Josep Martin Brown: Nací  en el 1974 y me crié en un barrio del extrarradio de la ciudad conocido por entonces por ser el mercado de la heroína de Castellón. Los años 80 fueron para un niño como yo un cúmulo de escenas que no tenía que haber visto y de cosas que no tenía que haber sabido. Todavía hoy me sorprendo al recordar cómo los yonkis nos preguntaban a los niños dónde encontrar al “Rana”. Crecí pues en un entorno carente de los estímulos adecuados. Rodeado de tristeza y resignación y del que aún arrastro pesadillas recurrentes.

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Eso ha tenido que ver con tu desembarco en la literatura fantástica?


Josep Martin Brown: Con este bagaje, creo que entenderás perfectamente que no me guste ni la literatura realista y la novela urbana contemporánea. El realismo sublima una realidad que es fea y decepcionante. Invariablemente, estaba condenado a sucumbir a los encantos de la fantasía y la ciencia ficción.

Sergio Gaut vel Hartman:
Imagino que empezaste siendo un gran lector.

Josep Martin Brown:
Mi afición a la lectura comenzó a partir de un conflicto que tuve en el barrio a causa de una deuda. Estuve una semana sin bajar a la calle por culpa de un puñado de canicas. Y si no quería recibir una paliza, no me quedaba otra que encerrarme en casa hasta que amainara la tormenta. El problema es que en 1983 no teníamos ni internet ni consolas y la tele era propiedad del patriarca… Así que aburrido de jugar con los clics de famobil, busqué algo para leer y encontré en una estantería uno de los pocos libros de mi padre. Un libro maravilloso ajado y maravilloso, “Viaje al centro de la tierra”. Ese fue mi primer encuentro con la ciencia ficción.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Qué estudiaste?

Josep Martin Brown:
Nunca tuve ningún problema con los estudios. Iba a curso por año hasta que llegué a la universidad, aunque en aquella época esto no resultaba tan extraño como ahora. El problema lo tuve con mi familia, pues aunque mis inquietudes no apuntaban por ese camino, insistían en que estudiase una carrera de ciencias y no filosofía, como yo pretendía. El fracaso fue total. Convertí el absentismo en una institución. Solo me presenté al examen de álgebra; creo que fue porque era lo más parecido a un examen de letras en ingeniería. La situación se hizo insostenible y la ruptura con mi familia inevitable. Esas navidades dejé los estudios y me puse a trabajar a jornada completa. La decisión más afortunada de mi vida, porque de otro modo no hubiera conocido a Raquel, la mujer que comparte su vida conmigo desde entonces. Reunimos fuerzas y recursos, y juntos volvimos a la Universidad de Valencia donde cada uno hizo su carrera de letras sin que su familia lo molestara.

Sergio Gaut vel Hartman: Te recibiste, ¿entonces qué?

Josep Martin Brown: Con el título de filosofía en la mano y rechazando las múltiples ofertas de trabajo que me llovían —nótese la ironía—, no me quedó otra que buscarme mi propio sustento. Desde hace ocho años llevo un pequeño negocio que me da para vivir. Un negocio sin local y sin horario que me ha permitido dedicarme a una de las dos salidas que tiene un filósofo: la enseñanza o la literatura. Mi mujer se decantó por lo primero y le va mejor que a mí… de momento.

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Qué escribes en este momento?

Josep Martin Brown:
Actualmente trabajo en la elaboración de una saga de ciencia ficción. La primera novela ya está acabada. La he titulado Azul y Luna. Es una novela aún inédita, aunque su segundo prólogo va a ser editado por la Editorial Mandrágora en una recopilación de cuentos de próxima aparición. Al primer prólogo le estoy sacando actualmente mucho partido. Tanto que creo que puedo desgajarlo de la primera novela y extenderlo hasta escribir una segunda. La primera novela quedaría como un thriller futurista, mientras la segunda como una auténtica space opera. Pero ambas están conectadas a pesar de la distancia. Son como un iceberg. 

Sergio Gaut vel Hartman: Cuéntanos qué lee un escritor que escribe una saga que va del thriller futurista a la space opera.


Josep Martin Brown: Leo lo que pillo, siempre y cuando no tenga nada que ver con la novela urbana contemporánea. No la soporto. En estos momentos estoy leyendo “El aprendiz de guerrero” de Louis McMaster Bujold. Lo último que me ha impresionado ha sido la saga Hyperion de Dan Simmons. Me he llevado alguna que otra decepción con eso de “leer lo que pilles”. Alguna de 20€, de autoras españolas y con títulos en inglés, que son las que más me han dolido. Pero en general quiero agradecer a la colección byblos de ciencia ficción el haber hecho posible llenar mis estanterías con libros de 5€. ¡Es que nadie va a seguir el ejemplo!

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Cuáles son tus proyectos?

Josep Martin Brown: Ser escritor de ciencia ficción es todo un proyecto de vida para mí. Creo que actualmente tengo mucho más de lo que nunca hubiera soñado. Una casa, seguridad económica, una compañera maravillosa que me acompaña desde hace quince años… Disfruto de una gran libertad. De momento puedo decir: “hoy no me levanto de la cama”. Y la consecuencia no es el despido, porque soy mi propio jefe. No pensamos tener niños, de tal manera que podemos dedicarnos a nosotros mismo el resto de nuestras vidas. Es un egoísmo ilustrado muy de nuestra generación dinky. O Peter Pan. O lo que sea. Una mamá me dijo hace bien poco que no sabía lo que me perdía por no tener niños. Yo le contesté que ella nunca sabrá lo que se pierde por tenerlos.

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Has tenido satisfacciones como escritor? Es decir, ¿qué has publicado hasta ahora?


Josep Martin Brown: En realidad esta es mi segunda etapa como escritor. La primera novela que escribí, El hombre Imposible, tuvo un inicio muy afortunado. Tenía apenas 20 años y la primera editorial a la que se lo envié, Iralka, una editorial de Irún, lo aceptó entusiasmada. Era una novela realista ambientada en el futuro que un APG adolescente imaginaba para sí. Fue algo muy doloroso de escribir y es una experiencia que espero no volver a repetir. Desgraciadamente —o afortunadamente, solo el tiempo lo dirá— la editorial Iralka quebró poco después. ¿Cómo puede quebrar una editorial que editaba libros universitarios? El tal Manolo se fue sin despedirse y aún hoy estoy esperando una explicación. Después de aquello estuve años sin escribir una línea. Lo siguiente que escribí fue Azul y Luna.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Qué te produce la literatura, afectivamente?

Josep Martin Brown: Mi relación con la literatura siempre ha sido de amor. Solo mi relación con los editores es de amor y odio. Leer es la única actividad que me relaja. Consigo reducir mi ritmo cardiaco y mi respiración sin recurrir a ninguna droga. En realidad, creo que escribo ciencia ficción por puro agradecimiento. Sin esos libros no existiría una ventana por la que salir volando a otras realidades. Y sin personas que escribieran esas tonterías tampoco existiría esa ventana. Seguro que Julio Verne también pensó alguna vez que lo que escribía eran tonterías y sufrió cierto acomplejamiento. ¡Bendito Verne! Muchos animales le deben la vida a Viaje al Centro de la Tierra. Un niño amargado e hiperactivo puede hacer mucho daño si no tiene una realidad paralela en la que refugiarse. La imaginación siempre ha sido un refugio. Como Dios. Es una lástima que la vida no sea tal y como la imaginamos. Al menos nos quedan los sueños, que de un modo u otro también están vinculados con la realidad y son mucho más entretenidos. 

Sergio Gaut vel Hartman: Descríbenos tu jornada de trabajo, como te organizas, si eso existe, claro.


Josep Martin Brown: Tengo una obsesión enfermiza por la prensa. En parte debido a mis problemas de insomnio. Bueno. No es que tenga dificultades para conciliar el sueño... En realidad duermo muy deprisa. Lo justo antes de la última pesadilla. Lo que suele suceder al cabo de cinco o seis horas de sueño. Entonces miro el despertador, me doy cuenta de que son apenas las seis de la mañana y me enfado conmigo mismo. Para evitar despertar a Raquel me levanto sin hacer ruido y enciendo el ordenador. La consecuencia es que un par de horas más tarde, cuando oigo el despertador, ya estoy cagado, informado y medio fumado. A pesar de los años que llevo haciendo esto —incluidos sábados y domingos por la mañana—, todavía me sorprende descubrir que disfruto de ello. Mi mujer dice que soy el único porrero del mundo que madruga (risas). Me lo dice con pena, pero lo que no entiende es el oscuro placer que me produce sentirme el hombre más despierto de la casa.

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Qué más esperas de la vida, de la literatura, de lo que se te ocurra que esperas algo?

Josep Martin Brown: No creo en el la ley del mérito. Aunque me dé rabia reconocerlo, he incorporado a mi vida el principio marxista que siempre guió a mi familia: a cada cual según sus necesidades y a cada cual según sus capacidades. Como emprendedor, soy consciente de la contradicción vital que manifiesto al abrazar este principio. En el tardo franquismo, el deporte nacional consistía en intentar pasar desapercibido. Solo los poderosos podían permitirse el lujo de decir lo que pensaban en ese periodo de “extraordinaria placidez” que para ellos fue el franquismo. Son ellos precisamente los que enarbolan la bandera del mérito. En realidad la vida es más suerte que otra cosa. La mayor virtud que puede tener un hombre es el don de la ubicuidad. Estar en el lugar exacto en el momento oportuno. Me parece que es condición necesaria para triunfar en muchos aspectos de la vida, y no tanto el esfuerzo. En el mundo de la literatura es, simplemente, condición suficiente. Si no que se lo pregunten al autor de El Código Da Vinci

© Sergio Gaut vel Hartman Enero 2010


Puede leer la segunda parte de Hablando con Josep Martin Brown (relato "El último hombre) si pulsa aquí.

 
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Escrito por Josep Martin Brown   
Lunes, 01 de Febrero de 2010 00:00

Josep Martin BrownJosep Martin Brown por Sergio Gaut vel Hartman

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Hablando con Daniel Frini PDF Imprimir E-mail
Escrito por Sergio Gaut vel Hartman   
Lunes, 16 de Noviembre de 2009 00:00

Sergio Gaut vel HartmanPoco a poco vamos retomando el ritmo de la columna... Hoy presentamos a un escritor argentino muy intersante, versátil y empeñoso. He tenido acceso a mucho de lo que está escribiendo y me atrevo a pronosticar que dará que hablar en el futuro inmediato. Con ustedes Daniel Frini.

 

 

 


Hablando con Daniel Frini

 

 Por Sergio Gaut vel Hartman


Sergio Gaut vel Hartman: ¿Dónde naciste y cómo es el lugar?

Daniel Frini:
Nací en Berrotarán, provincia de Córdoba, en la República Argentina. Un pueblo que, en la actualidad, debe tener unos 10.000 habitantes. Es la puerta de entrada, desde el sur, al Valle de Calmuchita y allí se encuentra la agricultura de los últimos rincones de la pampa, minería en una montaña que no está a más de 15 minutos y turismo en los mil y un lugares de la Sierra. Fue el lugar maravilloso que marcó mi niñez, una época extraordinaria. Amigos entrañables, excursiones de aventuras, fútbol por las tardes después de la escuela… y todo en una atmósfera teñida de fantasía desde que descubrí que por allí había andado el capitán Don Francisco César y sus catorce hombres buscando la fabulosa Trapalanda. En fin, un recuerdo fantástico.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Cursaste tus estudios en Berrotarán?

Daniel Frini:
No. Cuando terminé la escuela primaria, continué estudiando en un internado, el Liceo Militar General Paz, en la ciudad de Córdoba, a unos 150 kilómetros de casa; a la que volvía sólo los fines de semana. Un cambio bastante brusco, si consideramos que tenía 11 años, pero que pude capear bastante bien. Época algo más dura, pero de la que guardo entrañables recuerdos.

Sergio Gaut vel Hartman:
¿De dónde proviene tu inclinación por la literatura?

 
Daniel Frini:
Mis padres me inculcaron, desde muy chico, la pasión por la lectura. Mi madre, maestra, llegó a negociar conmigo que por cada nota buena que trajese de la escuela, ella me compraría un libro de aventuras, aquellos de la colección Robin Hood, de tapas amarillas, con texto en la página derecha y una ilustración en la izquierda. El trato terminó esa misma semana, cuando debió comprar ocho libros. De mi padre heredé el amor por la historia. El compraba, justamente, la revista “Todo es Historia”, editada por Félix Luna, que yo solía devorar; como lo hacía, además, con cualquier cosa que tuviese letras y cayese en mis manos. En algunas colecciones enciclopédicas de los años sesenta y setenta descubrí los relatos infantiles de los hermanos Grimm, las fábulas de Esopo, la mitología griega. Las historias de las Mil y una Noches, Defoe, Collodi, Samaniego… y, por supuesto, Verne; que fue el preferido de mi infancia.

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Cómo te pusiste en contacto con la ciencia ficción?

Daniel Frini:
En la escuela secundaria, me encontré, por primera vez, con la cf. El Liceo Militar tenía una muy buena biblioteca, de la que podíamos tomar prestados cuántos libros quisiésemos. Allí tropecé con una novelita que trataba acerca de un viaje a Marte y el encuentro con los marcianos. No tengo presentes ni el título, ni el autor. Sí recuerdo, en cambio, que en la tapa se destacaban, claramente, las palabras “Ciencia Ficción”. Desde entonces, de una u otra forma, siempre me encontré con ella; y pasó a ser uno de mis géneros preferidos.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Seguiste la carrera militar?

Daniel Frini: No. En 1980 entré a la Universidad Nacional de Río Cuarto, provincia de Córdoba, donde estudié Ingeniería Mecánica Electricista. Mis años de estudio en la facultad coincidieron con los últimos estertores de la dictadura, la guerra de Malvinas, el retorno de la democracia y el destape argentino. Y no hablo de mujeres desnudas, si no de un “despertar” a una serie de manifestaciones de cuya existencia no tenía idea.

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Podemos considerar que en esa etapa se forjó tu estilo literario?


Daniel Frini:
En cierto modo. La mayoría de los maestros me llegaron en esta etapa. Por entonces descubrí a Borges, Cortázar, García Márquez, leí por primera vez el Quijote, Kundera, Miller, Hemingway; y claro, cuánto best-seller pasaba cerca mío, sin importar si era bueno o malo. En esos años leí, por primera vez, a Asimov, a Clark y a Bradbury. Fue una época extraordinaria, porque de golpe llegaba todo el arte junto: cine, teatro, música, y parecía que habían estado esperando tras de una puerta. Fue maravilloso. Por esos años, no me perdí ninguno de los trece capítulos de la serie “Cosmos”, de Sagan; vi “2001” y “Blade Runner”, junto a otras más olvidables, pero que, bueno, eran indiscutiblemente algo distinto. También leía las historietas (comics) de “Fierro” y algunas que editaba Columba, como “Gilgamesh” o “Gwendolyn 3-19-4”.

Sergio Gaut vel Hartman: Pero eso expresa un interés general por la literatura. ¿Cuándo se consolidó tu interés por la ciencia ficción?
 
Daniel Frini: Más o menos por el ’84 u ’85 descubrí la revista “Péndulo”. Y claro, fue “LA” experiencia. ¿Dónde habían estado tooooodos esos autores? Desde Dick a Silverberg, pasando por Spinrad, Aldiss, Harrison, Ballard, Moorcock, Lafferty, Farmer. Y Cordwainer Smith con la Instrumentalidad; y James Tiptree Jr con “El Hombre que volvió”; y Richard Lupoff con los héroes celestiales. Pero no solo los anglosajones: encontré a Giúttari, Pandolfi, Rebetez, Duvic, el joven y el viejo Rosny, Carneiro. Y como si esto fuera poco ¡también había argentinos que escribían esta literatura! Es decir, tipos que estaban acá, a la vuelta: Gardini, Axpe, Gorodischer, Levrero (uruguayo, pero para el caso…), Shua, Siscar, vos mismo. Y también Souto y Capanna; y una lista enorme que no desentonaba para nada con los del norte. Fue una revelación. Péndulo me llevó a otras revistas: Minotauro, Parsec, Asimov; que no hicieron más que aumentar mi asombro: Kociancich, Carletti…

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Fue por entonces que empezaste a escribir?


Daniel Frini:
No. Escribí mis primeras cosas cuando estaba en la secundaria. Eran unos poemas, olvidables, que se han perdido piadosamente. Ya en la universidad, hice algunas revistas para el centro de estudiantes de Ingeniería; y, por un lado debido a la falta de ilustradores, y por otro a que siempre se me dio por el dibujo; me largué a hacer humor gráfico. Quizá gracias a esto me llamó Jericles —gloria de la revista “Humor”— para participar en “Río Revuelto”, una publicación de tono cómico que él dirigía. Empecé con dibujos y terminé escribiendo una columna, que apareció en varios números, hasta 1987. En esos años escribí varios cuentos, incluso la protohistoria de “Éramos un millón de animalitos ciegos” que, corregido y aumentado no sé cuántas veces, fue seleccionado este año, por la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, para integrar la antología "Visiones 2009".

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Nos dirás algo de tu vida privada?


Daniel Frini:
En 1988 me casé con Adriana (mi amor) y me mudé a Buenos Aires, donde nacieron mis hijos Maximiliano y Alan. Por distintas razones, perdí continuidad y sólo escribía esporádicamente, aunque en el año 2000 publiqué mi libro de poesías “Poemas de Adriana” y luego apareció alguna cosita mínima en Axxón. Finalmente, el año pasado; y a raíz de una invitación tuya, comencé a participar en el Taller 7. Poco tiempo después ingresé a otro taller virtual, Máquinas y Monos; que, vine a enterarme, ya tienen ambos categoría de míticos. En ellos aprendí muchísimo, y me dieron el envión suficiente como para tomar la cosa con un poco más de seriedad y compromiso; además de conocer escritores muy valiosos y con gran futuro, aunque no todos dentro de la ficción especulativa, de Argentina, España y México, con los que formamos Heliconia; un excelente grupo de trabajo,

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Qué has publicado?

Daniel Frini:
No me ha ido mal en ese plano: además del libro de poemas que mencioné antes, y mi participación en publicaciones del interior del país; durante el año que pasó se publicaron cosas mías en varios blogs, e-zines, revistas y periódicos. Además gané tres premios, fui finalista en un cuarto y lo soy en otro más que se dirimirá a fin de año.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Has pensado en profesionalizarte?

Daniel Frini:
Por ahora no. Me gano la vida como ingeniero en una fábrica, pero nunca se sabe…

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Qué otros asuntos te interesan? ¿Aficiones? ¿Proyectos?


Daniel Frini: Además de la literatura, me interesa mucho la pintura y me defiendo razonablemente mal entre acrílicos y óleos. Me gustan Schiele, Klimt, Kandinsky y los abstractos en general. También Botero, Rivera, Khalo… Disfruto mucho de la buena música y soy absolutamente ecléctico: puedo pasar de Pink Floyd al Polaco Goyeneche o de Malher a Tránsito Cocomarola, sin ningún pudor, lo que me vale siempre la recriminación de alguien: “¿cómo te puede gustar ‘esa’ música?”. Hay algunos temas que me apasionan, sin ninguna razón válida: la historia, en general; y la del cristianismo primitivo, en particular; el genocidio americano, las cruzadas… Me gusta encontrar esas pequeñas anécdotas de personas comunes, que son deliciosas. Me gusta el cine y puedo pasarme horas frente a la computadora, con el mate al lado y alguna música no necesariamente a bajo volumen.

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Sobre qué te interesa escribir?

Daniel Frini: Mis temas preferidos, al momento de escribir, tienen que ver con el humor aplicado a la fantasía, las historias religiosas —Esteban Dublín dice que mi humor es bíblico—; o bien el extremo diametralmente opuesto: historias relacionadas con la muerte y el dolor. Y parezco tener una obsesión particular con el suicidio. Cuando escribo prosa, no puedo salirme de la ficción; en cambio, cuando escribo poesía, siempre versan sobre experiencias reales. En general, las microficciones me “salen” naturalmente; y he empezado los proyectos de algunas novelas y volúmenes de cuentos que avanzan a paso de tortuga. Cuando encaro cf, me muevo con más soltura en la hard que en los temas sociales, aunque ésta es una asignatura pendiente.

Sergio Gaut vel Hartman: Con respecto a eso. ¿Has tomado posición conceptual en torno a las variantes de la ciencia ficción, la literatura especulativa o alguna de las otras formas que se proponen, narrativa conjetural, slipstream?

Daniel Frini: Creo que la cf ha actuado, históricamente, como disparador de procesos trascendentales, científicos y sociales, y es un buen campo para la experimentación. Creo, además, que actúa como atenuador de la resistencia a los cambios. Quiero decir: los relatos de cf cumplen la función de preparar a los lectores para las futuras maravillas que, de otra manera, serían resistidas; a la vez que alerta sobre el “¿qué pasaría si…?”. Es común que temas científicos duros, y cito, por ejemplo, al acelerador de hadrones; no sorprendan a nadie, y cualquiera tenga una vaga noción “popular” de qué se trata; aunque diste de la verdad. Creo, también, que el poder formador de la literatura de ficción especulativa es un punto sistemáticamente no reconocido. Esta literatura contribuye de una manera muy eficaz a la divulgación científica; porque allana el camino, al preparar a una persona común para recibir datos que de otra manera serían muy crudos e incomprensibles; provee un lenguaje común y despierta la mente para estar receptivo a los nuevos conceptos. En ese sentido, el escritor tiene una tierra siempre fértil y desconocida por delante. Si bien los tópicos clásicos de la cf se repiten (el viaje en el tiempo, la inmortalidad, el postapocalipsis) lo hacen desde ángulos completamente nuevos, que no parecen agotarse nunca. Por otro lado, los temas sociales muestran cada vez más presencia y, paradójicamente, parecieran ser los más próximos a dejar la ficción. Se me ocurre pensar en ¡Hagan sitio!¡hagan sitio! de Harrison: a grosso modo ¿no es posible que se vuelva real? Creo que muchos coincidirán conmigo en que es cada vez menos ficción. (datito: busquen la peli Cuando el destino nos alcance —o Soylent Green, en inglés— del ’74, con Charlton Heston; a mi juicio, mucho mejor que el libro). Creo que la función del escritor de ficción especulativa hace mucho tiempo ha dejado de ser escapista, y es, cada vez más, un ejercicio de compromiso; un “hacer pensar”, un “marcar los puntos oscuros” de nuestra cultura. Venimos a ser, valga la mala comparación, como analistas encargados de suministrar un diagnóstico de nuestra civilización; ya sea desde la ironía y el humor o desde el más oscuro relato.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿No te preocupa que se subestime la cf por considerársela una literatura “menor”?

Daniel Frini: En absoluto. Creo que, por otra parte, no hay nada de malo en llamarla “literatura escapista”. Yo la disfruto muy gratamente. Algo debe tener la cf, desde que tantos autores del montón escriben historias de amor o policiales ambientadas en escenarios típicos de éste género; o si nos atenemos a la cantidad de producciones nuevas, y exitosas, de Hollywood —Yo, robot y Soy leyenda, por citar algunas—; que la hacen un producto cada vez más masivo.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Cuáles son tus expectativas como escritor?


Daniel Frini: Hacia el futuro, me interesa afianzarme como autor; y alcanzar la agilidad necesaria para encarar temas más comprometidos. Mientras tanto, seguiré trabajando en los proyectos que tengo entre manos: una novela en blog sobre un suicida compulsivo, dos volúmenes temáticos de cuentos (para uno de ellos es el cuento que acompaña a esta entrevista), una novela policial para público adolescente; con dos detectives, uno uruguayo y otro argentino, bastante particulares; otra novela fantástica; y sumando cuentos para poder seguir publicando.

© Sergio Gaut vel Hartman Noviembre 2009

 

Para ir directamente a leer la segunda parte y leer el relato "Agujeros de gusano" de Daniel Frini pulse aquí

 
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