Sergio Gaut vel HartmanLa literatura fantástica vista bajo la óptica de Sergio Gaut vel Hartman. Sergio ha nacido en la Argentina en 1947 y desde hace muchos años desarrolla una gran actividad sobre la ciencia ficción a través de Internet. Ha publicado relatos a partir de un ya lejano 1970, fue finalista de los Premios Minotauro y UPC, ganó el Ignotus en la categoría ensayo en el 2007 y compiló varias antologías, además de manejar varios blogs de microficciones y el sitio Sinergia, una versión web de su revista de la década de 1980.



Hablando con Josep Martin Brown PDF Imprimir E-mail
Escrito por Sergio Gaut vel Hartman   
Lunes, 01 de Febrero de 2010 00:00

Sergio Gaut vel HartmanLa novena entrega de esta columna vuelve a recalar en España y nos permite descubrir a Joseph Martin Brown, un joven talento que acaba de ser publicado en la antología Cefeidas, que compilé junto a Jordi Bonet para ediciones Mandrágora. Esta vez no han transcurrido dieciocho meses, ni nueve, ni cuatro y medio. Hace apenas dos meses y medio que tuvimos la visita de Daniel Frini y tal vez no transcurra siquiera ese lapso para que se publique otra entrega de “Entre Ushuaia e Irún”. ¿Quieren saber qué ha ocurrido? Es muy sencillo: esto nos gusta cada día más, a los directores y a mí, por lo que nos hemos propuesto aumentar la frecuencia de las presentaciones de jóvenes escritores hispanoamericanos. Así que pasen y lean a Josep Martin Brown y sepan desde ya que se puede esperar de su carrera

 


Hablando con Josep Martin Brown

 

 Por Sergio Gaut vel Hartman

 

Puede leer la segunda parte de Hablando con Josep Martin Brown (relato: "El último hombre") si pulsa aquí.


Sergio Gaut vel Hartman: ¿Te llamas Josep Martin Brown? ¿Eres anglosajón?

Josep Martin Brown: Es un seudónimo. Mi nombre verdadero no importa. Además es feo y está lleno de cosas que no me gustan. Pero corresponde a las iniciales de APG.

Sergio Gaut vel Hartman:
Háblanos de tus orígenes, entonces.


Josep Martin Brown:
Si la vida de un hombre es una novela histórica, entonces puedo decir que soy hijo de los españoles que se refugiaron en las montañas tras la expulsión de los moriscos. Mi madre trabajó pastoreando vacas y ovejas hasta los catorce años con sus padres y sus seis hermanos. A las montañas que separan las provincias de Castellón y Teruel apenas llegó el franquismo ni los curas, como tampoco lo hizo ni la electricidad ni el agua corriente. En esa cultura de la pobreza, aislada del resto del mundo y con serios problemas de endogamia, subsistieron los míos durante siglos hasta que se sintieron atraídos –como casi todos- por el desarrollismo de finales de los 60.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿En qué región está ese pueblo?     

Josep Martin Brown: Pude hacer nacido en Barcelona o Valencia… Pero al final mi abuelo decidió asentarse en Onda, un pequeño pueblo industrial de la Plana de Castelló. Pero antes hizo lo que muchas familias pobres de la época tenían por costumbre y que explica muchas de las cosas que me sucedieron después. Puso a sus tres hijas “a servir”. Esto es, en los años sesenta la servidumbre de las casas adineradas se reclutaba en la bolsa de la emigración, pero en aquella época la emigración era interior. A mi madre le tocó servir en la familia de un médico de la capital, Castellón. A los 18 años, en uno de esos jueves por la tarde que libraba conoció a mi padre, un hombrecillo montado en Vespa que debió de parecerle a mi madre un príncipe azul.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Cuándo naciste?


Josep Martin Brown: Nací  en el 1974 y me crié en un barrio del extrarradio de la ciudad conocido por entonces por ser el mercado de la heroína de Castellón. Los años 80 fueron para un niño como yo un cúmulo de escenas que no tenía que haber visto y de cosas que no tenía que haber sabido. Todavía hoy me sorprendo al recordar cómo los yonkis nos preguntaban a los niños dónde encontrar al “Rana”. Crecí pues en un entorno carente de los estímulos adecuados. Rodeado de tristeza y resignación y del que aún arrastro pesadillas recurrentes.

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Eso ha tenido que ver con tu desembarco en la literatura fantástica?


Josep Martin Brown: Con este bagaje, creo que entenderás perfectamente que no me guste ni la literatura realista y la novela urbana contemporánea. El realismo sublima una realidad que es fea y decepcionante. Invariablemente, estaba condenado a sucumbir a los encantos de la fantasía y la ciencia ficción.

Sergio Gaut vel Hartman:
Imagino que empezaste siendo un gran lector.

Josep Martin Brown:
Mi afición a la lectura comenzó a partir de un conflicto que tuve en el barrio a causa de una deuda. Estuve una semana sin bajar a la calle por culpa de un puñado de canicas. Y si no quería recibir una paliza, no me quedaba otra que encerrarme en casa hasta que amainara la tormenta. El problema es que en 1983 no teníamos ni internet ni consolas y la tele era propiedad del patriarca… Así que aburrido de jugar con los clics de famobil, busqué algo para leer y encontré en una estantería uno de los pocos libros de mi padre. Un libro maravilloso ajado y maravilloso, “Viaje al centro de la tierra”. Ese fue mi primer encuentro con la ciencia ficción.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Qué estudiaste?

Josep Martin Brown:
Nunca tuve ningún problema con los estudios. Iba a curso por año hasta que llegué a la universidad, aunque en aquella época esto no resultaba tan extraño como ahora. El problema lo tuve con mi familia, pues aunque mis inquietudes no apuntaban por ese camino, insistían en que estudiase una carrera de ciencias y no filosofía, como yo pretendía. El fracaso fue total. Convertí el absentismo en una institución. Solo me presenté al examen de álgebra; creo que fue porque era lo más parecido a un examen de letras en ingeniería. La situación se hizo insostenible y la ruptura con mi familia inevitable. Esas navidades dejé los estudios y me puse a trabajar a jornada completa. La decisión más afortunada de mi vida, porque de otro modo no hubiera conocido a Raquel, la mujer que comparte su vida conmigo desde entonces. Reunimos fuerzas y recursos, y juntos volvimos a la Universidad de Valencia donde cada uno hizo su carrera de letras sin que su familia lo molestara.

Sergio Gaut vel Hartman: Te recibiste, ¿entonces qué?

Josep Martin Brown: Con el título de filosofía en la mano y rechazando las múltiples ofertas de trabajo que me llovían —nótese la ironía—, no me quedó otra que buscarme mi propio sustento. Desde hace ocho años llevo un pequeño negocio que me da para vivir. Un negocio sin local y sin horario que me ha permitido dedicarme a una de las dos salidas que tiene un filósofo: la enseñanza o la literatura. Mi mujer se decantó por lo primero y le va mejor que a mí… de momento.

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Qué escribes en este momento?

Josep Martin Brown:
Actualmente trabajo en la elaboración de una saga de ciencia ficción. La primera novela ya está acabada. La he titulado Azul y Luna. Es una novela aún inédita, aunque su segundo prólogo va a ser editado por la Editorial Mandrágora en una recopilación de cuentos de próxima aparición. Al primer prólogo le estoy sacando actualmente mucho partido. Tanto que creo que puedo desgajarlo de la primera novela y extenderlo hasta escribir una segunda. La primera novela quedaría como un thriller futurista, mientras la segunda como una auténtica space opera. Pero ambas están conectadas a pesar de la distancia. Son como un iceberg. 

Sergio Gaut vel Hartman: Cuéntanos qué lee un escritor que escribe una saga que va del thriller futurista a la space opera.


Josep Martin Brown: Leo lo que pillo, siempre y cuando no tenga nada que ver con la novela urbana contemporánea. No la soporto. En estos momentos estoy leyendo “El aprendiz de guerrero” de Louis McMaster Bujold. Lo último que me ha impresionado ha sido la saga Hyperion de Dan Simmons. Me he llevado alguna que otra decepción con eso de “leer lo que pilles”. Alguna de 20€, de autoras españolas y con títulos en inglés, que son las que más me han dolido. Pero en general quiero agradecer a la colección byblos de ciencia ficción el haber hecho posible llenar mis estanterías con libros de 5€. ¡Es que nadie va a seguir el ejemplo!

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Cuáles son tus proyectos?

Josep Martin Brown: Ser escritor de ciencia ficción es todo un proyecto de vida para mí. Creo que actualmente tengo mucho más de lo que nunca hubiera soñado. Una casa, seguridad económica, una compañera maravillosa que me acompaña desde hace quince años… Disfruto de una gran libertad. De momento puedo decir: “hoy no me levanto de la cama”. Y la consecuencia no es el despido, porque soy mi propio jefe. No pensamos tener niños, de tal manera que podemos dedicarnos a nosotros mismo el resto de nuestras vidas. Es un egoísmo ilustrado muy de nuestra generación dinky. O Peter Pan. O lo que sea. Una mamá me dijo hace bien poco que no sabía lo que me perdía por no tener niños. Yo le contesté que ella nunca sabrá lo que se pierde por tenerlos.

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Has tenido satisfacciones como escritor? Es decir, ¿qué has publicado hasta ahora?


Josep Martin Brown: En realidad esta es mi segunda etapa como escritor. La primera novela que escribí, El hombre Imposible, tuvo un inicio muy afortunado. Tenía apenas 20 años y la primera editorial a la que se lo envié, Iralka, una editorial de Irún, lo aceptó entusiasmada. Era una novela realista ambientada en el futuro que un APG adolescente imaginaba para sí. Fue algo muy doloroso de escribir y es una experiencia que espero no volver a repetir. Desgraciadamente —o afortunadamente, solo el tiempo lo dirá— la editorial Iralka quebró poco después. ¿Cómo puede quebrar una editorial que editaba libros universitarios? El tal Manolo se fue sin despedirse y aún hoy estoy esperando una explicación. Después de aquello estuve años sin escribir una línea. Lo siguiente que escribí fue Azul y Luna.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Qué te produce la literatura, afectivamente?

Josep Martin Brown: Mi relación con la literatura siempre ha sido de amor. Solo mi relación con los editores es de amor y odio. Leer es la única actividad que me relaja. Consigo reducir mi ritmo cardiaco y mi respiración sin recurrir a ninguna droga. En realidad, creo que escribo ciencia ficción por puro agradecimiento. Sin esos libros no existiría una ventana por la que salir volando a otras realidades. Y sin personas que escribieran esas tonterías tampoco existiría esa ventana. Seguro que Julio Verne también pensó alguna vez que lo que escribía eran tonterías y sufrió cierto acomplejamiento. ¡Bendito Verne! Muchos animales le deben la vida a Viaje al Centro de la Tierra. Un niño amargado e hiperactivo puede hacer mucho daño si no tiene una realidad paralela en la que refugiarse. La imaginación siempre ha sido un refugio. Como Dios. Es una lástima que la vida no sea tal y como la imaginamos. Al menos nos quedan los sueños, que de un modo u otro también están vinculados con la realidad y son mucho más entretenidos. 

Sergio Gaut vel Hartman: Descríbenos tu jornada de trabajo, como te organizas, si eso existe, claro.


Josep Martin Brown: Tengo una obsesión enfermiza por la prensa. En parte debido a mis problemas de insomnio. Bueno. No es que tenga dificultades para conciliar el sueño... En realidad duermo muy deprisa. Lo justo antes de la última pesadilla. Lo que suele suceder al cabo de cinco o seis horas de sueño. Entonces miro el despertador, me doy cuenta de que son apenas las seis de la mañana y me enfado conmigo mismo. Para evitar despertar a Raquel me levanto sin hacer ruido y enciendo el ordenador. La consecuencia es que un par de horas más tarde, cuando oigo el despertador, ya estoy cagado, informado y medio fumado. A pesar de los años que llevo haciendo esto —incluidos sábados y domingos por la mañana—, todavía me sorprende descubrir que disfruto de ello. Mi mujer dice que soy el único porrero del mundo que madruga (risas). Me lo dice con pena, pero lo que no entiende es el oscuro placer que me produce sentirme el hombre más despierto de la casa.

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Qué más esperas de la vida, de la literatura, de lo que se te ocurra que esperas algo?

Josep Martin Brown: No creo en el la ley del mérito. Aunque me dé rabia reconocerlo, he incorporado a mi vida el principio marxista que siempre guió a mi familia: a cada cual según sus necesidades y a cada cual según sus capacidades. Como emprendedor, soy consciente de la contradicción vital que manifiesto al abrazar este principio. En el tardo franquismo, el deporte nacional consistía en intentar pasar desapercibido. Solo los poderosos podían permitirse el lujo de decir lo que pensaban en ese periodo de “extraordinaria placidez” que para ellos fue el franquismo. Son ellos precisamente los que enarbolan la bandera del mérito. En realidad la vida es más suerte que otra cosa. La mayor virtud que puede tener un hombre es el don de la ubicuidad. Estar en el lugar exacto en el momento oportuno. Me parece que es condición necesaria para triunfar en muchos aspectos de la vida, y no tanto el esfuerzo. En el mundo de la literatura es, simplemente, condición suficiente. Si no que se lo pregunten al autor de El Código Da Vinci

© Sergio Gaut vel Hartman Enero 2010


Puede leer la segunda parte de Hablando con Josep Martin Brown (relato "El último hombre) si pulsa aquí.

 
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Escrito por Josep Martin Brown   
Lunes, 01 de Febrero de 2010 00:00

Josep Martin BrownJosep Martin Brown por Sergio Gaut vel Hartman

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Hablando con Daniel Frini PDF Imprimir E-mail
Escrito por Sergio Gaut vel Hartman   
Lunes, 16 de Noviembre de 2009 00:00

Sergio Gaut vel HartmanPoco a poco vamos retomando el ritmo de la columna... Hoy presentamos a un escritor argentino muy intersante, versátil y empeñoso. He tenido acceso a mucho de lo que está escribiendo y me atrevo a pronosticar que dará que hablar en el futuro inmediato. Con ustedes Daniel Frini.

 

 

 


Hablando con Daniel Frini

 

 Por Sergio Gaut vel Hartman


Sergio Gaut vel Hartman: ¿Dónde naciste y cómo es el lugar?

Daniel Frini:
Nací en Berrotarán, provincia de Córdoba, en la República Argentina. Un pueblo que, en la actualidad, debe tener unos 10.000 habitantes. Es la puerta de entrada, desde el sur, al Valle de Calmuchita y allí se encuentra la agricultura de los últimos rincones de la pampa, minería en una montaña que no está a más de 15 minutos y turismo en los mil y un lugares de la Sierra. Fue el lugar maravilloso que marcó mi niñez, una época extraordinaria. Amigos entrañables, excursiones de aventuras, fútbol por las tardes después de la escuela… y todo en una atmósfera teñida de fantasía desde que descubrí que por allí había andado el capitán Don Francisco César y sus catorce hombres buscando la fabulosa Trapalanda. En fin, un recuerdo fantástico.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Cursaste tus estudios en Berrotarán?

Daniel Frini:
No. Cuando terminé la escuela primaria, continué estudiando en un internado, el Liceo Militar General Paz, en la ciudad de Córdoba, a unos 150 kilómetros de casa; a la que volvía sólo los fines de semana. Un cambio bastante brusco, si consideramos que tenía 11 años, pero que pude capear bastante bien. Época algo más dura, pero de la que guardo entrañables recuerdos.

Sergio Gaut vel Hartman:
¿De dónde proviene tu inclinación por la literatura?

 
Daniel Frini:
Mis padres me inculcaron, desde muy chico, la pasión por la lectura. Mi madre, maestra, llegó a negociar conmigo que por cada nota buena que trajese de la escuela, ella me compraría un libro de aventuras, aquellos de la colección Robin Hood, de tapas amarillas, con texto en la página derecha y una ilustración en la izquierda. El trato terminó esa misma semana, cuando debió comprar ocho libros. De mi padre heredé el amor por la historia. El compraba, justamente, la revista “Todo es Historia”, editada por Félix Luna, que yo solía devorar; como lo hacía, además, con cualquier cosa que tuviese letras y cayese en mis manos. En algunas colecciones enciclopédicas de los años sesenta y setenta descubrí los relatos infantiles de los hermanos Grimm, las fábulas de Esopo, la mitología griega. Las historias de las Mil y una Noches, Defoe, Collodi, Samaniego… y, por supuesto, Verne; que fue el preferido de mi infancia.

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Cómo te pusiste en contacto con la ciencia ficción?

Daniel Frini:
En la escuela secundaria, me encontré, por primera vez, con la cf. El Liceo Militar tenía una muy buena biblioteca, de la que podíamos tomar prestados cuántos libros quisiésemos. Allí tropecé con una novelita que trataba acerca de un viaje a Marte y el encuentro con los marcianos. No tengo presentes ni el título, ni el autor. Sí recuerdo, en cambio, que en la tapa se destacaban, claramente, las palabras “Ciencia Ficción”. Desde entonces, de una u otra forma, siempre me encontré con ella; y pasó a ser uno de mis géneros preferidos.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Seguiste la carrera militar?

Daniel Frini: No. En 1980 entré a la Universidad Nacional de Río Cuarto, provincia de Córdoba, donde estudié Ingeniería Mecánica Electricista. Mis años de estudio en la facultad coincidieron con los últimos estertores de la dictadura, la guerra de Malvinas, el retorno de la democracia y el destape argentino. Y no hablo de mujeres desnudas, si no de un “despertar” a una serie de manifestaciones de cuya existencia no tenía idea.

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Podemos considerar que en esa etapa se forjó tu estilo literario?


Daniel Frini:
En cierto modo. La mayoría de los maestros me llegaron en esta etapa. Por entonces descubrí a Borges, Cortázar, García Márquez, leí por primera vez el Quijote, Kundera, Miller, Hemingway; y claro, cuánto best-seller pasaba cerca mío, sin importar si era bueno o malo. En esos años leí, por primera vez, a Asimov, a Clark y a Bradbury. Fue una época extraordinaria, porque de golpe llegaba todo el arte junto: cine, teatro, música, y parecía que habían estado esperando tras de una puerta. Fue maravilloso. Por esos años, no me perdí ninguno de los trece capítulos de la serie “Cosmos”, de Sagan; vi “2001” y “Blade Runner”, junto a otras más olvidables, pero que, bueno, eran indiscutiblemente algo distinto. También leía las historietas (comics) de “Fierro” y algunas que editaba Columba, como “Gilgamesh” o “Gwendolyn 3-19-4”.

Sergio Gaut vel Hartman: Pero eso expresa un interés general por la literatura. ¿Cuándo se consolidó tu interés por la ciencia ficción?
 
Daniel Frini: Más o menos por el ’84 u ’85 descubrí la revista “Péndulo”. Y claro, fue “LA” experiencia. ¿Dónde habían estado tooooodos esos autores? Desde Dick a Silverberg, pasando por Spinrad, Aldiss, Harrison, Ballard, Moorcock, Lafferty, Farmer. Y Cordwainer Smith con la Instrumentalidad; y James Tiptree Jr con “El Hombre que volvió”; y Richard Lupoff con los héroes celestiales. Pero no solo los anglosajones: encontré a Giúttari, Pandolfi, Rebetez, Duvic, el joven y el viejo Rosny, Carneiro. Y como si esto fuera poco ¡también había argentinos que escribían esta literatura! Es decir, tipos que estaban acá, a la vuelta: Gardini, Axpe, Gorodischer, Levrero (uruguayo, pero para el caso…), Shua, Siscar, vos mismo. Y también Souto y Capanna; y una lista enorme que no desentonaba para nada con los del norte. Fue una revelación. Péndulo me llevó a otras revistas: Minotauro, Parsec, Asimov; que no hicieron más que aumentar mi asombro: Kociancich, Carletti…

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Fue por entonces que empezaste a escribir?


Daniel Frini:
No. Escribí mis primeras cosas cuando estaba en la secundaria. Eran unos poemas, olvidables, que se han perdido piadosamente. Ya en la universidad, hice algunas revistas para el centro de estudiantes de Ingeniería; y, por un lado debido a la falta de ilustradores, y por otro a que siempre se me dio por el dibujo; me largué a hacer humor gráfico. Quizá gracias a esto me llamó Jericles —gloria de la revista “Humor”— para participar en “Río Revuelto”, una publicación de tono cómico que él dirigía. Empecé con dibujos y terminé escribiendo una columna, que apareció en varios números, hasta 1987. En esos años escribí varios cuentos, incluso la protohistoria de “Éramos un millón de animalitos ciegos” que, corregido y aumentado no sé cuántas veces, fue seleccionado este año, por la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, para integrar la antología "Visiones 2009".

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Nos dirás algo de tu vida privada?


Daniel Frini:
En 1988 me casé con Adriana (mi amor) y me mudé a Buenos Aires, donde nacieron mis hijos Maximiliano y Alan. Por distintas razones, perdí continuidad y sólo escribía esporádicamente, aunque en el año 2000 publiqué mi libro de poesías “Poemas de Adriana” y luego apareció alguna cosita mínima en Axxón. Finalmente, el año pasado; y a raíz de una invitación tuya, comencé a participar en el Taller 7. Poco tiempo después ingresé a otro taller virtual, Máquinas y Monos; que, vine a enterarme, ya tienen ambos categoría de míticos. En ellos aprendí muchísimo, y me dieron el envión suficiente como para tomar la cosa con un poco más de seriedad y compromiso; además de conocer escritores muy valiosos y con gran futuro, aunque no todos dentro de la ficción especulativa, de Argentina, España y México, con los que formamos Heliconia; un excelente grupo de trabajo,

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Qué has publicado?

Daniel Frini:
No me ha ido mal en ese plano: además del libro de poemas que mencioné antes, y mi participación en publicaciones del interior del país; durante el año que pasó se publicaron cosas mías en varios blogs, e-zines, revistas y periódicos. Además gané tres premios, fui finalista en un cuarto y lo soy en otro más que se dirimirá a fin de año.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Has pensado en profesionalizarte?

Daniel Frini:
Por ahora no. Me gano la vida como ingeniero en una fábrica, pero nunca se sabe…

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Qué otros asuntos te interesan? ¿Aficiones? ¿Proyectos?


Daniel Frini: Además de la literatura, me interesa mucho la pintura y me defiendo razonablemente mal entre acrílicos y óleos. Me gustan Schiele, Klimt, Kandinsky y los abstractos en general. También Botero, Rivera, Khalo… Disfruto mucho de la buena música y soy absolutamente ecléctico: puedo pasar de Pink Floyd al Polaco Goyeneche o de Malher a Tránsito Cocomarola, sin ningún pudor, lo que me vale siempre la recriminación de alguien: “¿cómo te puede gustar ‘esa’ música?”. Hay algunos temas que me apasionan, sin ninguna razón válida: la historia, en general; y la del cristianismo primitivo, en particular; el genocidio americano, las cruzadas… Me gusta encontrar esas pequeñas anécdotas de personas comunes, que son deliciosas. Me gusta el cine y puedo pasarme horas frente a la computadora, con el mate al lado y alguna música no necesariamente a bajo volumen.

Sergio Gaut vel Hartman:
¿Sobre qué te interesa escribir?

Daniel Frini: Mis temas preferidos, al momento de escribir, tienen que ver con el humor aplicado a la fantasía, las historias religiosas —Esteban Dublín dice que mi humor es bíblico—; o bien el extremo diametralmente opuesto: historias relacionadas con la muerte y el dolor. Y parezco tener una obsesión particular con el suicidio. Cuando escribo prosa, no puedo salirme de la ficción; en cambio, cuando escribo poesía, siempre versan sobre experiencias reales. En general, las microficciones me “salen” naturalmente; y he empezado los proyectos de algunas novelas y volúmenes de cuentos que avanzan a paso de tortuga. Cuando encaro cf, me muevo con más soltura en la hard que en los temas sociales, aunque ésta es una asignatura pendiente.

Sergio Gaut vel Hartman: Con respecto a eso. ¿Has tomado posición conceptual en torno a las variantes de la ciencia ficción, la literatura especulativa o alguna de las otras formas que se proponen, narrativa conjetural, slipstream?

Daniel Frini: Creo que la cf ha actuado, históricamente, como disparador de procesos trascendentales, científicos y sociales, y es un buen campo para la experimentación. Creo, además, que actúa como atenuador de la resistencia a los cambios. Quiero decir: los relatos de cf cumplen la función de preparar a los lectores para las futuras maravillas que, de otra manera, serían resistidas; a la vez que alerta sobre el “¿qué pasaría si…?”. Es común que temas científicos duros, y cito, por ejemplo, al acelerador de hadrones; no sorprendan a nadie, y cualquiera tenga una vaga noción “popular” de qué se trata; aunque diste de la verdad. Creo, también, que el poder formador de la literatura de ficción especulativa es un punto sistemáticamente no reconocido. Esta literatura contribuye de una manera muy eficaz a la divulgación científica; porque allana el camino, al preparar a una persona común para recibir datos que de otra manera serían muy crudos e incomprensibles; provee un lenguaje común y despierta la mente para estar receptivo a los nuevos conceptos. En ese sentido, el escritor tiene una tierra siempre fértil y desconocida por delante. Si bien los tópicos clásicos de la cf se repiten (el viaje en el tiempo, la inmortalidad, el postapocalipsis) lo hacen desde ángulos completamente nuevos, que no parecen agotarse nunca. Por otro lado, los temas sociales muestran cada vez más presencia y, paradójicamente, parecieran ser los más próximos a dejar la ficción. Se me ocurre pensar en ¡Hagan sitio!¡hagan sitio! de Harrison: a grosso modo ¿no es posible que se vuelva real? Creo que muchos coincidirán conmigo en que es cada vez menos ficción. (datito: busquen la peli Cuando el destino nos alcance —o Soylent Green, en inglés— del ’74, con Charlton Heston; a mi juicio, mucho mejor que el libro). Creo que la función del escritor de ficción especulativa hace mucho tiempo ha dejado de ser escapista, y es, cada vez más, un ejercicio de compromiso; un “hacer pensar”, un “marcar los puntos oscuros” de nuestra cultura. Venimos a ser, valga la mala comparación, como analistas encargados de suministrar un diagnóstico de nuestra civilización; ya sea desde la ironía y el humor o desde el más oscuro relato.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿No te preocupa que se subestime la cf por considerársela una literatura “menor”?

Daniel Frini: En absoluto. Creo que, por otra parte, no hay nada de malo en llamarla “literatura escapista”. Yo la disfruto muy gratamente. Algo debe tener la cf, desde que tantos autores del montón escriben historias de amor o policiales ambientadas en escenarios típicos de éste género; o si nos atenemos a la cantidad de producciones nuevas, y exitosas, de Hollywood —Yo, robot y Soy leyenda, por citar algunas—; que la hacen un producto cada vez más masivo.

Sergio Gaut vel Hartman: ¿Cuáles son tus expectativas como escritor?


Daniel Frini: Hacia el futuro, me interesa afianzarme como autor; y alcanzar la agilidad necesaria para encarar temas más comprometidos. Mientras tanto, seguiré trabajando en los proyectos que tengo entre manos: una novela en blog sobre un suicida compulsivo, dos volúmenes temáticos de cuentos (para uno de ellos es el cuento que acompaña a esta entrevista), una novela policial para público adolescente; con dos detectives, uno uruguayo y otro argentino, bastante particulares; otra novela fantástica; y sumando cuentos para poder seguir publicando.

© Sergio Gaut vel Hartman Noviembre 2009

 

Para ir directamente a leer la segunda parte y leer el relato "Agujeros de gusano" de Daniel Frini pulse aquí

 
Hablando con Daniel Frini II PDF Imprimir E-mail
Escrito por Sergio Gaut vel Hartman   
Lunes, 16 de Noviembre de 2009 00:00

Daniel FriniDaniel Frini por Sergio Gaut vel Hartman

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Hablando con Francisco Costantini I PDF Imprimir E-mail
Escrito por Sergio Gaut vel Hartman   
Lunes, 13 de Julio de 2009 00:00

Sergio Gaut vel HartmanOtra pausa excesiva entre una y otra entrega de esta sección, aunque en este caso no tan excesiva… Y para recuperar unos minutos adicionales, ahorrémonos los preámbulos y vayamos directamente al asunto que nos compete. El joven valor que hoy presentamos es un escritor argentino de 26 años que ya ha dado muestras de su talento en un puñado de cuentos publicados en antologías y que en estos días se lanza al mundo de la edición con una revista llamada Gabinetes espaciales. Con ustedes, Francisco Costantini.

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