ANATEMA, de Neal Stephenson Imprimir E-mail
Escrito por Luis Fonseca   

AnatemaOtro libro de Stephenson ideal para llevárselo a una isla desierta, y ya suma una colección tan extraordinaria que de hecho se merece un naufragio.

 

 

 ANATEMA, de Neal Stephenson

por Luis Fonseca

 

E

n primer lugar querría desear una pronta recuperación a Neal Stephenson porque sin duda, tras la hemorragia de ideas de Anatema ha debido quedar en un estado de lo más anémico.

En segundo lugar, otro libro gordo, nueva obra grande.

Anatema es y representa muchas cosas dentro de la trayectoria de Stephenson. Es, por un lado, una cierta vuelta atrás, y, por otro,  una cierta huida hacia delante: huida hacia delante en cuanto a la agudización de la anticomercialidad de su narrativa, vuelta hacia atrás en su escritura hacia cánones más próximos a los de la ciencia-ficción. Una ciencia ficción, eso sí, poco convencional porque poco o nada convencional puede esperarse de este autor.

Jugando con los términos, lo suyo es más bien CF hard2… ”hard al cuadrado” porque tanto la manera de describir la ciencia como la de escribir la ficción son de lo más serio, trabajado y exigente.  Es esta exigencia la que sin duda le resta lectores potenciales, ya que uno no puede sumergirse a pulmón libre en el océano Stephenson para apreciar  cómodamente las verdades abisales con las que este autor gusta de coquetear, sino que más bien precisa de ir pertrechado de algo de formación científica, o de al menos una sólida curiosidad por el hecho científico y tecnológico. Yo, desde luego, me felicito de estar entre los que disfrutan (como un cerdo revolviéndome en el barro ‘nerd’) de las obras de uno de los autores más inteligentes y creativos que ha dado la Humanidad bien alimentada; unas obras que científicos y divulgadores en activo deberían leer con pasión.

Es curioso lo de la ambientación de las novelas de Stephenson: al futuro palpable de Snow Crash y La Era del Diamante le siguió el presente futurible de Criptonomicón, y a esté, el pseudopasado de El Ciclo del Barroco. En esa línea, Stephenson nos presenta  en Anatema una especie de síntesis, una situación argumental en la que rasgos de futuro, presente y usos del pasado se funden en la misma civilización: materia exótica, teléfonos móviles, Internet y monasterios medievales; juntos pero no revueltos en un planeta que se parece, pero que no es el nuestro.

De hecho, en el pasado del planeta Arbre -en una situación de desarrollo no muy diferente de la de nuestro presente- concurrieron avances sobre la materia, la energía y el genoma poco digeribles socialmente que provocaron grandes y graves desencuentros entre legos y científicos. Esos desencuentros desencadenaron la separación traumática de ambos estamentos para asegurar un bienestar social futuro sin los grandes ‘sobre-saltos cuánticos’ del pasado.

AnatemaComo resultado de esa separación la casta científica se ha visto relegada “desarmada” (es decir, sin tecnología) a una especie de monasterios autosuficientes, donde literalmente se les echa de comer aparte: mientras extramuros la comida incorpora una especie de ‘soma’, intramuros el alimento hace estériles a ellas y a ellos. De esta manera, conventos de lo más variopinto distribuidos por todo el orbe de Arbre (uno de ellos, como el de Shaolin, por cierto) han cobijado durante siglos a comunidades autosuficientes de monjes-científicos (avotos, en la novela) sujetos a reglas, autos y ritos horarios quasi-medievales, que en lugar de nuestro ‘ora et labora’ se han dedicado al ‘teoriza y labora’, pues para destacar más el paralelismo/contraparalelismo con lo que conocemos, esos monasterios son fundamentalmente a-religiosos (la ambición de pensar excluye responder cualquier pregunta con el recurso fácil de un Dios todopoderoso). Las religiones quedan pues extramuros, junto con la tecnología. Aun sin el concurso de tecnología, esas comunidades han aprendido a hacer algunas cosas curiosas tras miles de años, como computar con música, y en algunos casos avanzar en el dominio de lo que la posibilidad matemática puede conjurar de la realidad, como por ejemplo, la manipulación del espacio/tiempo.

Aunque esa reclusión de mentes inquietas es una actitud defensiva del poder dominante de Arbre, los monasterios son más ghettos que campos de concentración, pues el poder ‘seglar’ es consciente de la utilidad puntual de las capacidades de los recluidos, y puede reclamar a cualquiera de ellos en cualquier momento. Así mismo, las puertas de los monasterios se abren periódicamente durante unos pocos días en los que mentes (demasiado) frescas son ofrecidas a las congregaciones por un tiempo determinado que queda a elección de los interesados.

En esta situación, una observación astronómica en las proximidades de Arbre, va a sacudir irremediablemente el status quo entre seglares y avotos.

Ese es el sugerente escenario en el que se suceden cerca de mil páginas de trama detectivesca, novela de aventuras, juego con el lenguaje, disquisiciones lógico-científicas y en el que se dan los primeros escarceos de Stephenson con la space-opera. Quizá, Anatema, sea también la primera de sus novelas con un final al uso.

Por el camino, entre discusión y discusión, se cuelan escuelas reales (en nuestro propio espacio y otro tiempo) de pensamiento camufladas sobre cómo y con qué limitaciones se percibe e interpreta el mundo, se recurre a la caverna de las ideas de Platón (elevada a categoría de universo paralelo), y se trata de la diferencia y diferenciación entre Ciencia y Religión. Pero no sólo de Ciencia y Religión, sino también de la diferencia entre Ciencia y Tecnología (ambas herramientas decisivas para llegar a ser algo más que cazadores-recolectores espabilados), y de la división entre los inclinados a esforzarse a pensar en teorías y los que aceptan la tecnología sin mostrar ni la curiosidad ni la ambición de pensar en lo que la sustenta en el corto ni el largo plazo. Todos temas de mucho, mucho calado que discurren por el libro con la lentitud de un glaciar pero con su misma potencia de roturación del paisaje

Mención especial merece el juego con el lenguaje. Sin ser el Finnegans Wake de Joyce, Stephenson coquetea con el lenguaje (con el vocabulario, estrictamente) e inventa y reinterpreta multitud de términos y de modismos científicos de forma sugerente. Resulta especialmente atractiva la reformulación de vocabulario técnico moderno a partir de raíces antiguas. Quizá por la ambientación de la novela todo ese juego del lenguaje sea más llevadero para nosotros, más próximos al latín y al catolicismo, que para los anglosajones. En cualquier caso, el glosario, que suele ser un peaje cansino en libros de esta índole, tiene en este caso el doble aliciente de la inventiva léxica de Stephenson y el constituir un repaso disfrazado de la historia de la ciencia y la filosofía.

Por cierto, el traer a concurso al Multiverso, (con un bien llevado giro a lo Planet 51...)  y a ‘milenarios’ capaces de manipular el espacio-tiempo nos hace pensar en dos buenos ingredientes para la poción mágica de nuestro muy particular druida Enoch Root del Criptonomicón y del Ciclo del Barroco.

En fin, otro libro de Stephenson ideal para llevárselo a una isla desierta, y ya suma una colección tan extraordinaria que de hecho se merece un naufragio.

© 2010 Luis Fonseca para BEM on Line

 
Anatema, de Neal Stephenson (Anathem; 2008). Ediciones B, col Nova. Barcelona, 2009. Traducción de Pedro Jorge Romero. ISBN. 9788466641135. 724 pgs. 
 

 

Contraportada

Hace miles de años, el planeta Arbre estuvo al borde del colapso. Los nuevos intelectuales, los avotos, se reunieron para iniciar un nuevo tipo de vida. Mientras el planeta sufre multitud de transformaciones, el ritmo de evolución de los avotos es lento. Ahora, casi cuatro mil años después de la fundación del sistema, el Poder Secular parece ocultar que hay una nave alienígena orbitando el planeta. Descubrirla y establecer contacto con esos extraños seres es el gran trabajo que espera al protagonista, fra Erasmas. Entretenido y con ideas nacidas en el Congreso de Hackers de 1999 y en los libros de Penrose (La nueva mente del emperador), este libro es un brillante tour de force.