|
Foxá fue uno de los mejores autores españoles del género cientificticio.
HISTORIAS DE CIENCIA FICCION, de Agustín de Foxá por Carlos Carvajal
F rancisco J. Arellano ha dedicado el nº 32 de su colección La Biblioteca del Laberinto a las Historias de ciencia ficción de Agustín de Foxá (1903-1959), novelista, poeta, dramaturgo y periodista comprometido con la cultura de su tiempo. Como se lee en su cubierta, puede sorprender que Foxá fuera uno de los mejores autores españoles del género cientificticio -o ficciocientífico, que prefiere el prologuista-, en la década de los 50, pero así fue.
El volumen se divide en tres grandes capítulos, precedidos de una extensa y valiosa Introducción de Mariano Martín Rodríguez (Toledo, 1966), filólogo de lenguas románicas y especialista en teatro del siglo XX, de donde está tomada parte significativa de cuanto sigue.
La escena está representada por la comedia distópica y futurista Otoño del 3006, que posee el mérito añadido de haber sido estrenada en un teatro comercial. Las narraciones son "Hans y los insectos", donde la comunicación con los insectos sociales, en primer lugar las hormigas, hace conocer lo que fueron sus civilizaciones y su destino pasado y futuro, que Francisco Umbral consideró un relato "sencillamente magistral"; el imaginario "Viaje a los efímeros", una parábola satírica de la Historia, el absurdo transcurrir de una Historia ante la cual Foxá se sentía incómodo,; además, el apéndice del cuento corto "El lobizón", de carácter imaginario. Y el tercer capítulo lo compone una selección de ocho artículos en los que especula sobre lo que deparará el porvenir Foxá no fue un autor de paraliteratura, entendida ésta no en forma peyorativa, sino de obras cuya legitimidad de recepción sigue cauces paralelos a los de la literatura de los círculos intelectuales hegemónicos, como es el caso del género policíaco y, aún más, de la ciencia ficción. Afortunadamente, cada vez se entiende mejor que la ciencia ficción no se limita a la producción industrial, sin referencias estéticas, y su estudio se aborda con las mismas herramientas metodológicas con las que se aborda el de las producciones de los llamados géneros mayores.
Tuvo fama de ideología extremadamente conservadora, a la que contribuyó su novela Madrid, de corte a checa. Pero, como es fama también, le dijo una vez a Pedro de Lorenzo: "Soy conde. Soy gordo. Soy diplomático. ¡Soy académico! ¿Cómo no voy a ser reaccionario?" Mas no fue, no lo fue sólo, al manos, un reaccionario nostálgico, escribió muchas veces por puro amor a la escritura, al margen de su militancia política.
Pocas piezas españolas de buen teatro de ciencia ficción se han escrito, apenas el Sentimental Club, de Pérez de Ayala, y Cuatro corazones con freno y marcha atrás, de Jardiel Poncela, estrenada como Morirse es un error. La idea fundamental de Otoño del 3006, de trasplantar una persona de una época a otra para resaltar las diferencias de mentalidad y manera de actuar de una y otra, se le ocurrió a Foxá cuando en 1945, estando en la Argentina, se le ocurrió a Perón enterrar unas monedas y periódicos del día para que fueran desenterrados en el año 2000.
Una conversación con Torcuato Luca de Tena dio lugar a la novela de éste La otra vida del capitán Contreras, llevada al teatro y al cine, en que el famoso aventurero se desplaza al siglo XX, y a la obra de teatro de Foxá Otoño de 3006, en que un individuo de nuestra época se desplaza hasta el citado año.
Cuando se estrenó, bajo la dirección de Marquerie, apenas se mantuvo un mes en cartel, el público no estaba preparado para ver el futuro sobre las tablas. Las críticas no le fueron favorables, a excepción de la de Morales de Acevedo en Marca. ¡Qué tiempos en que los diarios deportivos publicaban habitualmente críticas de las obras puestas en escena! Le impresionó tanto que señaló con "piedra blanca" la noche de su estreno.
En la utopía clásica, el viajero recibe toda clase de explicaciones de algún habitante del universo alternativo al que ha llegado, lo que no es viable en la escena. Foxá lo resuelve con diálogos ágiles para provocar la risa del espectador y paliar su rechazo al mundo distópico que se le presenta. La alimentación se reduce a la ingesta de píldoras y las personas no tienen nombres alfabéticos, sino numéricos. El Director de la Fábrica de Hombres dice de un médico que es su tocayo, los dos se llaman X-23 A raíz cuadrada de 8.
El triunfo de la razón tecnológica ha encorsetado y empobrecido el amor, la vida y el arte, las novelas son telepáticas: nada demasiado original, se ha visto otras muchas veces. Quizá lo mejor sean las interpretaciones de los hombre del siglo XXXI de lo que hacían los del XX: de las urnas electorales, por ejemplo, se dice que "los antiguos creían que se echaba aquí una papeleta y, ¡paf!, salía la verdad".
Cuando se empieza a leer "Hans y los insectos" se diría que se hubiera abierto una narración costumbrista en un pueblecito castellano, cuyas aristócratas son las tres hermanas Carrillo y Gómez de Avellanosa, que presumen de europeístas porque una vez hicieron un viaje acompañando a su tío.
Llega a ese pueblo un "inglés", así llamado porque allí sólo hay tres razas, la de los moros, que lo hicieron todo -el castillo, el puente-, la de los franceses, que lo deshicieron todo, y la de los ingleses, a los que hablan a gritos porque piensan que no les entienden porque no les oyen.
El inglés es en realidad un ingeniero forestal alemán, de nombre Hans, venido a acabar con una plaga del campo y que pronto se convierte en un tipo popular. Al cabo de un tiempo aparece muerto en extrañas circunstancias y sus amigos, el médico, el boticario y un vecino acomodado, descubren con asombro en su casa una habitación llena de antenas, emisoras, receptoras, teletipos y toda clase de máquinas de comunicación, más una serie de fotografías como nunca se han visto de insectos. Cuando leen su Diario, el asombro se torna en espanto.
Desde los inicios de su carrera literaria, mostró Foxá una fascinación por los insectos sociales, junto con la especulación de que un día los hombres podrían colectivizase a su imagen y no dejar sito para la individualidad. De hecho, quizá estemos marchando ya por este camino.
Los cuentos de Foxá son superiores a sus novelas. Éste es verdaderamente ciencia ficción, recomendable tanto para el mainstream como para el fandom, que a todos va a sorprender y agradar. ¿Cabría una lectura política de la fábula, como así se ha apuntado por alguno, en que Hans fuera el Ario y las hormigas los judíos? Probablemente sería ir más lejos, la intención del autor.
"Viaje a los efímeros" es una utopía al estilo clásico, narrada en primera persona por un viajero como en los Viajes de Gulliver, de Swift, o el Viaje a la luna , de Cyrano de Bergerac, señala Martín Rodríguez, o del anterior y embrionario "Somnium" de 1548 de nuestro Maldonado, se podría añadir, que precedió en cien años al viaje a la luna del mismo titulo de Kepler. Del contraste entre el mundo real y el imaginado surgen las sinrazones y los ridículos de un y otro mundo.
Miguel y Catalina arriban a una playa de Efímera, donde pronto se dan cuenta de que los días y las estaciones se suceden con gran velocidad. En muy poco tiempo pueden ver flores que se abren y se cierran, amaneceres y anocheceres, nieves que suceden al calor del verano y viceversa, en un juego continuo y frenético, desarrollando de un modo funcional un concepto muy propio de la ciencia ficción. Es un universo paralelo al nuestro en el tiempo, aunque ubicado en un espacio que comparte con el nuestro, donde la aceleración cronológica se refleja en acontecimientos cotidianos y recuerda a "El nuevo acelerador", de Wells, más que a "Ladrones de cerebros de Marte", de Campbell, del que recogerá un párrafo en uno de sus artículos; más del primero que del segundo debió tomar la idea.
"Vimos Catalina y yo una yunta de bueyes que labraban la tierra con velocidad de vértigo, como un dibujante nervioso que trazara rayas. Los bueyes envejecían rápidamente. El mozo de la mancera se fue llenando de arrugas..." Pero las acciones cotidianas dan paso a un thriller, como es tan frecuente en las narraciones americanas de universos paralelos de la actualidad.
"Un relámpago de acero en el hacha, que se ruborizó de sangre- El verdugo quiso mostrar la cabeza al pueblo enfurecido, pero se le cayó pesadamente, con ruido de pelota, sobre los guijarros de la plaza, monda y lironda, mientras el verdugo, en ridículo, exhibía únicamente su peluca empolvada". Nunca falta el humor.
"Habíamos perdido Catalina y yo la cuenta del número de revoluciones, contrarrevoluciones, dictaduras, protectores, libertadores, nuevos monarcas, democracias que se habían sucedido después de la gran revolución regicida". Observamos que la Monarquía era un régimen más perfecto; duraba un cuarto de hora más que la República.
Los artículos son de lo mejor de la recopilación, Foxá era un lírico de la crónica, y completan una buena selección. Mayormente aparecidos en la tercera de ABC, son una combinación de información y reflexión, siempre de periodismo literario, de miradas al porvenir alejadas de su militancia política.
Sus temas son recurrentes, la citada fascinación por los insectos sociales, siempre asociada a la preocupación de que nos estruviéramos colectivizando como ellos y dejáramos de ser individualistas; una de las cosas que lleva aparejadas es que, al mecanizarnos, las niñas ya no leen la Bella Durmiente o la Cenicienta, y los chicos han reemplazado a Búfalo Bill y el Coyote por Superman y el Capitán Marvel.
Otra de sus grandes preocupaciones era el exceso de población que ya empezaba a darse, y su envejecimiento, así como otra de sus obsesiones, los marcianos, para descubrirlos en su planeta o para acogerlos como tripulantes de ovnis.
Tras ver una noche en el cine un documental escribió "Profecías y símbolo de las termitas", que se ocupa de una sociedad, fabulosa y cruel, que pervive inamovible desde hace millones de años, con sus tres castas herméticas de trabajadores, guerreros y reproductores. Construyen individuos, mientras nosotros cosntruimos máquinas, mas ¿what if...?, ¿qué si un día las termitas se visten el mono de mecánico, deja de serles ajeno el ruido del motor y relegan a los humanos al mundo subterráneo, ciegos y castrados, sin más Norte que el trabajo?: "Cuando el hombre no vea la vidriera, ni el códice, ni la tabla primitiva [...] cuando no desee el pecho de Venus, los labios de la Gioconda y la mirada de Beatriz" es ciencia ficción, ciertamente, aunque expresada en un lenguaje que no parece suyo.
En "Las alas enterradas", vuelve sobe este tema que le es tan caro. ¿No será el hormiguero un solo animal y cada hormiga una célula? Todavía somos individualistas, pero el hombre se orienta, incontenible, hacia lo colectivo: "El antiguo autor de comedias, solo en medio del cosmos con su inspiración y sus cuartillas, deja paso al cine, en que para filmar un beso hacen falta productores, directores, camarógrafos, ingenieros de sonido, músicos para la melodía de fondo, operadores y maquinistas".
Y una deriva en parecida línea es "La mecanización de las hadas", que compara el cuento antiguo con el moderno. La Bella Durmiente del Bosque que sólo podía ser despertada por un beso de amor o el zapatito que pierde la Cenicienta en las escaleras del salón de baile de palacio brillaban como un lucero de esperanza en el corazón de todas las niñas. Hoy los niños leen cuentos de emperadores galácticos y de dictadores de nebulosas o de doctores que injertan sesos de locos en los cadáveres y los hacen trabajar en las plantaciones. Como se ha dicho, no es sólo un romántico nostálgico, acepta el cambio y reproduce un párrafo de "Ladrones de cerebros de Marte": "...mientras va a caer el percutor del revólver de Maizal apuntando a la cabeza de la rubia Lama, el profesor Denhan penetra con su aparato en el átomo -que es un planeta asombrosamente pequeño, habitado por hombres y cuyo año equivale a nuestro segundo-, y en esos doce meses atómicos tiene tiempo para encontrar un medio de detener la bala y volver a la Tierra, cuando todavía no se ha disparado el gatillo". Leía ciencia ficción Foxá.
Con respecto a la superpoblación y su envejecimiento, en "Hacia un mundo de viejos" cuenta que el promedio de vida en la Roma de Nerón y Virgilio era de treinta a treinta y cinco años, a principios de siglo de cuarenta, hoy es de sesenta y dos y pronto llegaremos a los ochenta. Pero sólo procrean los negros, la raza blanca, cuanto más envejece, menos se reproduce. Y concluye: "¿Os figuréis en el futuro sobre Europa y parte de América al pequeño grupo de viejos blancos, de gruesos lentes, exterminando con la desintegración de la materia a las numerosas e hirvientes juventudes de los pueblos de color que los asedian y que fiaron al amor, y no a las drogas, la eternidad de su estirpe?"
Es algo diferente en sus consideraciones "El incendio biológico" está dedicado al ya alarmante problema del incremento de población, con no nacidos que cuentan con la protección de la Iglesia, pero con millones que acampan a extramuros de los dogmas. ¿Será un crimen futuro la procreación?: "El hombre está a punto de dejar de ser un mamífero libre para convertirse en insecto".
El tercer tema es el de la exploración espacial, que aún no había comenzado cuando escribió "El Colón de Marte", un título que lo dice todo. Las analogías entre el descubrimiento de América y el de una América extraterrestre han sido frecuentes en la ciencia ficción. Hace cuatrocientos años, dice el autor, América fue el planeta Marte de Europa: "¿Cuál fue su Babilonia y cuál su Egipto? ¿Fue la Gran Sirte su Mediterráneo? [...] ¿Se utiliza la cuarta dimensión en sus encerados? ¿Suman allí dos y dos, cinco? [...] ¿Quién traducirá la primera novela marciana? ¿Quién el primer poema? ¿Quién realizará el primer diccionario marciano-inglés y viceversa?"
Los que "Ya han llegado" son los marcianos, que ya están entre nosotros, pero, si no se presentan pronto, iremos en su busca a su planeta: "Es éste el momento más parecido al que experimentó Europa a mediados del siglo XV cuando el Nuevo Mundo era soñado antes de ser descubierto.
Finalmente, "Los enanos de Marte" son los pequeños seres que tripulan los platillos volantes. Está ya sobrepasado, pero queda el buen escribir y el ingenio: "Según eso, la bomba atómica fue nuestra hoguera de Robinsones del espacio pidiendo auxilio". © 2010 Carlos Carvajal para BEM on Line
Historias de ciencia ficción. Relatos, teatro, artículos, de Agustín de Foxá. La Biblioteca del Laberinto, col.Delirio, Ciencia Ficción y Fantasía. Madrid, 2009. Edición de Mariano Martín Rodríguez. ISBN.978-84-92429-36-7. 234 páginas.
Contraportada Aunque conocido sobre todo por su novela Madrid, de corte a checa, Agustín de Foxà (1903-1959) fue un escritor polifacético que tuvo un apresencia notable en el panorama de la cultura española del siglo XX como autor de teatro y poeta, además de haber sido uno de los periodistas más apreciados de su tiempo. Dentro de su amplia producción, destacan por su importancia sus obras especulativas o de ciencia ficción, que constituyen una de sus aportaciones más originales. En una época en que no abundaban los escritores españoles de prestigio interesados en imaginar el futuro, Foxá dedicó numerosos artículos a especular sobre lo que depararía el porvenir con una penetración y aciertos notables, como demodstrará la antología de crónicas especulativas que aquí presentamos. Además, fue uno de los pocos dramaturgos que se atrevieron a llevar el futuro a la escena comercial con su comedia distópica y futurista Otoño del 3006. A ello hay que sumar un par de relatos que se cuentan entre los mejores de la literatura especulativa española: "Viaje a los efímeros", una reflexión sobre el tiempo que nos ofrece una parábola satírica de la historia con elementos de aventura y, sobre todo, "Hans y los insectos", en que la idea de la comunicación con estos animales da pie a una intriga de aire policial que acaba resolviéndose en una visión sublime del mundo de los insectos sociales y de su manipulación destructiva por parte del protagonista, con un final sorprendentemente ambiguo.
|