EL ADEPTO DE LA REINA, de R.Martínez Imprimir E-mail
Escrito por Juan Carlos Planells   

El adepto de la reinaRodolfo Martínez ha conseguido una entretenida novela, de esas que enganchan al lector y se leen de un tirón casi sin darse uno cuenta.

 

 

EL ADEPTO DE LA REINA, de Rodolfo Martínez

 

por Juan Carlos Planells

 

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e publicarse en Estados Unidos, donde tan aficionados son a poner "praises" (frases elogiosas escritas por autores con nombre solvente o criticos afamados, que cobran por hacerlo), seguramente le habría correspondido algo parecido a "El adepto de la reina aúna el rigor científico de Larry Niven con la trepidante acción de James Bond", o cualquier variante por el estilo. Como en España no perdemos (aún) el tiempo poniendo estas chorraditas en la portada o la publicidad del libro cuando de autores nacionales se trata, podemos enfocar la novela de turno sin prejuicios. Los prejuicios ya llegan por sí solos, por supuesto, cuando se trata de una novela de ciencia ficción o fantasía de autor español (como si las procedentes de Estados Unidos fueran todas una maravilla...). En todo caso, Rodolfo Martínez, con una amplia obra publicada en poco más de diez años (su primera novela apareció en 1996), y diversos premios en su haber, no necesitaría presentación, ni mucho menos "praises", para acompañar esta o cualquier otra obra que saque a la luz. Lo que ocurre es que El adepto de la reina sorprende ya en su arranque, con una escena clavada a la inicial de la versión cinematográfica de James Bond contra Goldfinger, el tercer film rodado sobre novelas de Ian Fleming protagonizadas por James Bond (escena que no existe en la novela original). En todo caso, Martínez se ha curado en salud poniendo como cita una frase de otra versión cinematográfica de James Bond. Pues, en efecto, El adepto de la reina es, en apariencia, una novela de espías a lo James Bond (más del cinematográfico que del literario, aunque también de este último), que a muchos lectores les hará añorar los tiempos en que menudeaban esta clase de novelas (o películas), sobre la guerra fría, los dos bloques, las luchas de espías, y todo aquello que, más o menos, el tiempo se llevó para sustituirlo por situaciones y enfrentamientos probablemente mucho peores que aquellos, aunque ciertos periodistas digan lo contrario.

El adepto de la reina

Sin embargo, esto es sólo el fondo, lo que reviste la novela, pues el mundo donde transcurre la historia no es el nuestro (aunque se le parece mucho), y aquí es donde empieza un juego que en realidad no termina, pues está claro que esta novela no es más que la primera entrega de una serie o quizá de una trilogía: son demasiados los misterios que se van planteando conforme avanza la acción, sin que ninguno se aclare al final, lo cual deja al lector con una notable sensación de frustración. Claro que también se podría decir que es el propio lector el que se monta el misterio por su cuenta, siguiendo las imbricaciones argumentales y de fondo que van jalonando la historia. Pues ocurre que El adepto de la reina es una novela que, por decirlo así, parece variar de género conforme avanza: de novela de espías, a posible ucronía, de esto a quizá novela en mundos alternos, para acaso derivar en ciberpunk sin que nos demos cuenta... o a juego de rol. Al final de la obra, como digo, nada se resuelve, solo el problema concreto al que se han de enfrentar los personajes.

A lo mejor muchos verán esto como un defecto; los lectores que lo quieren todo mascado y resuelto puede que se sientan molestos al ver que nada sabemos sobre la realidad --cuestionada a media novela-- del mundo en que transcurre la acción. Puede que no sea mala idea por parte del autor, porque permite que el lector cavile un poco, y terminada la lectura especule sobre lo que ha leído (si bien, al tratarse de una novela de pura acción, pueda parecer un poco fuera de lugar).

Sin duda el propósito de Rodolfo Martínez era construir una novela a lo James Bond --para lo que recurre a su propia versión de Q, de M e incluso de Felix Leiter, los personajes creados por Fleming-- con toques de ciencia ficción (a la postre, lo más interesante de la obra: los mensajeros, los carneútiles, cuyo significado se va comprendiendo conforme avanza la historia); en suma, un producto claramente comercial, lo cual no es malo de por sí, sólo cuando críticos duros, crueles y severos --que no suelen bañarse ni los domingos-- lo consideran así y castigan al autor con "el látigo de la vergüenza desde el balcón de la indiferencia" /((c) by Pep Manubens).

Martínez ha demostrado su habilidad anteriormente en relatos donde la acción se combina con la introspección (La sonrisa del gato, El sueño del rey rojo) y donde a veces un personaje anda buscando su identidad o la razón o verdad de su existencia (descubrirse a sí mismo, en otras palabras), como ocurre en El adepto de la reina. Y hablando de personajes, sorprende la frialdad que desprenden varios de ellos, empezando por su protagonista, Brandan, o la vaga indiferencia que nos causan incluso los aparentemente más humanizados (Yoranna). No deja de ser curioso que sean algunos de los carneútiles --entes no humanos al servicio de los habitantes del planeta-- quienes quizá despierten mayor empatía en el lector. En todo caso, en este aspecto la novela recoge un poco el espíritu original de Ian Fleming, un autor algunos de cuyos personajes no siempre despertaban la simpatía o el interés del lector, a causa de su frialdad o de cierto distanciamiento (el mundo de los espías es frío y deshumanizado, ya se sabe). En todo caso, debe quedar claro que no estamos ante un "pastiche" (o sea, una imitación exacta del estilo de Fleming), pues en lo demás Martínez y el creador de James Bond difieren notablemente: Fleming era muy detallista (hasta bordear el aburrimiento) en sus novelas, y Rodolfo Martínez es más directo y ágil, prescindiendo del detallismo.

En suma, Rodolfo Martínez ha conseguido una entretenida novela, de esas que enganchan al lector y se leen de un tirón casi sin darse uno cuenta; y si bien hace un curioso uso de la elipsis narrativa en algunos momentos, en otros cae en cierta prolijidad o reiteración respecto a motivaciones psicológicas de los personajes, como si quisiera dejar bien claro lo que les impulsa o les preocupa, y en este aspecto el lector va por delante del autor.

© 2010 Juan Carlos Planells. Aparecida anteriormente en Planells, Fact and Fiction.

 

El adepto de la reina, de Rodolfo Martínez. Sportula Ediciones. Gijón, Octubre de 2009. ISBN.978-1-4392-5818-7. 394 páginas, 15 euros.

 

 

TEXTO DE LA CONTRAPORTADA

Entre los Pueblos del Pacto y el Martillo de Dios existe un estado de guerra fría que se ha prolongado durante más de veinte años. Una guerra sin ejércitos en la que las batallas se libran en la oscuridad y la información es el arma más peligrosa.

En ese mundo (que en ocasiones parece la Edad Media, en otras, el Renacimiento y en otras, el siglo XIX) vive Yáxtor Brandan, adepto empírico al servicio de la Reina de Alboné, un personaje implacable, amoral y carente de escrúpulos que lucha por recuperar su propio pasado mientras intenta impedir que un nuevo jugador en el juego del espionaje ponga fin al mundo, tal como se conoce.

Con El adepto de la Reina, Rodolfo Martínez demuestra que sigue en buena forma literaria, y crea una historia de intriga y espionaje en la que no abandona ninguna de sus claves características y donde, una vez más, mezcla distintos géneros y temas para construir una novela que no concede descanso al lector.

 


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