Soy leyenda PDF Imprimir E-mail
Escrito por Juan Carlos Planells   
Viernes, 18 de Enero de 2008 01:00

Soy Leyenda (I am Legend; 2007). Director: Francis Lawrence. EE.UU.2007. Duración: 101 minutos. Intérpretes: Will Smith (Robert Neville), Alice Braga (Anna), Dash Mihok (Macho Alpha), Salli Richardson (Zoë), Willow Smith, Charlie Tahan (Ethan). Suión: Mark Protosevich y Akiva Goldsman; basado en la novela de Richard Matheson. Producción: Akiva Goldsman, James Lassiter, Erwin Stoff, David Heyman y Neal Moritz. Música:  James Newton Howard. Fotografía: Andrew Lesnie. Montaje:Wayne Wahrman. Vestuario: Michael Kaplan.

Soy LeyendaSinopsis 

 

Robert Neville es un brillante científico, pero a pesar de esto no ha podido impedir la expansión de un terrible virus imparable, incurable y creado por el hombre. Neville, de algún modo inmune a este virus, es ahora el último superviviente humano que queda en la ciudad de Nueva York y quizás en el mundo. Durante tres años, Neville ha enviado todos los días mensajes por radio para encontrar otros supervivientes. Pero no está solo. Víctimas mutantes de la plaga –los infectados– merodean en las sombras, vigilando cada uno de los movimientos de Neville, esperando que éste cometa un error fatal. Neville se ve impulsado hacia la única misión que le queda: encontrar la forma de dar marcha atrás a los efectos del virus utilizando su propia sangre inmune. Pero sabe que está en condiciones de inferioridad y que se le acaba el tiempo.

 

 

 

 

 

Como se indica en los créditos que aparecen al final de la película, el guión, obra de dos, se basa en un guión también obra de dos, que a su vez se basa en la novela de Richard Matheson. No he comprobado, por pereza y desinterés, si se trata de guión de El último hombre... vivo, dirigida por Boris Sagal en 1971, o de la versión realizada por Sidney Salkow en 1962, aunque yo diría que debe tratarse sin duda del guión de la de Sagal, que protagonizara Charlton Heston. Así, el espectador que esperase ver una adaptación de clásico de Richard Matheson, hará bien en dejar colgado en el ropero de su casa esa pretensión al salir para dirigirse al cine; no hay que llamarse a engaño ni exigir libro de reclamaciones en taquilla o a los productores. Desconozco la versión de Salkow, pero al menos la de Sagal se alejaba en dirección opuesta de Matheson, y la de ahora se aleja asimismo de la de Sagal, pero no para acercarse al punto de partida original --que a sus responsables les tiene sin cuidado, por supuesto--, sin para contar una fábula bonita y con mensaje redentor final.

La novela de Matheson es lo suficientemente subversiva en su planteamiento como para que alguien pueda esperar una adaptación hollywoodiense que recoja algo más que lo superficial: un hombre solo en una ciudad deshabitada, excepto por monstruos que sólo salen de noche. Puesto que lo que Matheson narra en su novela es la cotidianidad de la excepción en un mundo donde la anormalidad se ha vuelto regla, es evidente que tal punto de partida es infilmable, a no ser que decidiera llevarlo a cabo algún inconformista o marginal, un Godard, por decir un nombre.

Olvidado, por tanto, que el film parte --toma como excusa-- una aclamada novela (o no tan aclamada, puesto que varios espectadores de la sesión a la que asistí salieron diciendo que se trataba de una copia de Mecanoscrit del segon origen de Pedrolo, que a su vez es una "adaptación" de Madre del mundo, de Richard Wilson, que a su vez es "n" plagio" de no sé qué novela de Antonio Ribera, según denunció hasta desgañitarse el propio Ribera), una vez olvidado esto, digo, nos encontramos con un film inocuo, bien producido, filmado con regular entusiasmo, que no llega a interesar ni a conmover demasiado que digamos: se soporta, vamos. (Boris Sagal tampoco lo hizo mejor.)

De Francis Lawrence recordamos su anterior Constantine, de la que recoge algunos temas, como el héroe dispuesto al sacrificio si hace falta, y el mensaje religioso como colorín colorado final. A tenor de esto, seguro que algunos habrá que digan que Lawrence es un "autor con mundo propio", aunque lo cierto es que ni aquella ni esta levantan muchas pasiones. Y no deja de ser curiosa además de muy molesta la insistencia del cine fantástico más reciente en sus apologías de la familia y sus mensajes religiosos; lo vimos sin ir más lejos en la reciente Invasión. No es que esto sea malo por sí mismo, pero hay maneras y maneras de enaltecer algo; John Ford, por ejemplo, también loaba a la familia y había algo de religiosidad en sus films.

Lo mejor de la película es la presencia de Will Smith, casi único intérprete de la misma, si exceptuamos cuatro personajes que aparecen más bien puntual o episódicamente. Así pues, en él recae la misión -algo imposible-  de levantar y sostener el film, consiguiéndolo a base de una entrega personal digna de mejor causa, como se suele decir.

Es evidente que en el Hollywood actual, con directores blandengues, impersonales, sin estilo reconocible, con demasiadas carencias y ninguna profundidad, y con guiones reciclados, alargados y poco inspirados, o son los actores los que levantan el film, o éste se hunde. El primero en señalarlo ya hace agún tiempo fue Quim Casas, creo, y es algo cierto en no pocas ocasiones (los dos últimos films estrenados de Richard Gere, por ejemplo). Will Smith, convincente y aplicado actor, se encarga por tanto de amenizar el film con ejemplar profesionalidad (aunque a veces caiga en el ridículo, como en la escena en que le recita al niño los diálogos de Shreck, que ve en vídeo en un televisor; escena verdaderamente majadera que produce vergüenza ajena). Es de agradecer por tanto su seriedad, y no hay más que imaginar lo que sería de este film de ser otro su protagonista; un Dennis Quaid, por ejemplo; un Tom Cruise, actualmente casi veneno para la taquilla (de hecho, imaginar al apóstol de la cienciología en la película es probable que hubiera provocado una desbandada en la platea hacia el final del film por parte de espectadores dotados de sentido común). Los actores-estrellas concienciados de su oficio saben pues que de ellos depende no poco el éxito o fracaso de un film, porque si ha de depender de los resultados "artísticos"...

Soy leyenda resiste, por tanto, gracias a la presencia de Will Smith, al que ya le pueden estar agradecidos los productores, puesto que dudó bastante antes de aceptar el papel al ver que era casi la única presencia en pantalla.

Si llega a ser otro...

© 2008 Juan Carlos Planells. Publicada originalmente en Planells, Fact and Fiction