| Desgraciadamente Philip K. Dick ha muerto, de M. Bishop |
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| Escrito por Xavier Riesco Riquelme | |||
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DESGRACIADAMENTE PHILIP K. DICK HA MUERTO, de Michael Bishop
por Xavier Riesco Riquelme
Usando esos personajes y lugares, Bishop explora psicologías y motivaciones, historias personales y elementos místicos y va conduciendo al lector desde lo más mundano de ese universo alternativo suyo (la vida de unos dependientes y otras gentes que van tirando) hasta lo más desquiciadamente apoteósico (una escena final que incluye a Nixon, un enano negro, un exorcismo y una base lunar tiene que pasar por derecho propio a la historia de la literatura fantástica). La excelente ironía de Bishop aparece por toda la novela en pequeños toques maestros, como el hecho de que Dick sea considerado mayormente un escritor serio que se enseña en las escuelas del régimen y que sus novelas de ciencia ficción sean sus obras contraculturales y subversivas (y por ende, estén prohibidas), o el uso de diálogos típicamente dickianos con el propio Dick metido en ellos (el del café como sustancia capaz de anclar a la tierra a un espíritu transcendido es genial, por ejemplo).
En resumen, este libro es un corto y divertido viaje por las ideas, los textos alterados (pero reconocibles) y los elementos más comunes de un escritor en particular repasados por la mano de otro, un homenaje no exento de humor para con el objeto homenajeado y un curso acelerado de temas dickianos. No es una obra maestra, pero sí un libro tan curioso como su objeto principal y una lectura interesante para aficionados e interesados tanto en la obra de Bishop como en la de Dick.
(c) 2009 Xavier Riesco Riquelme
Desgraciadamente Philip K. Dick ha muerto, de Michael Bishop (Philip K. Dick is Dead, Alas; 1987). La Factoría de Ideas, col. Solaris Ficción nº 118. Madrid, febrero de 2009. Traducción de María Sánchez Salvador. ISBN. 978-84-9800-441-0. 320 páginas, 20,00 euros.
TEXTO DE LA CONTRAPORTADA Corre el año 1982. Estados Unidos posee una base permanente en la luna; Richard M. Nixon se encuentra en el cuarto mandato del «Imperio Presidencial»; y un excéntrico novelista llamado Philip K. Dick acaba de morir en California. ¿O no está muerto? La doctora Lia Pickford se queda perpleja cuando Dick entra en su despacho de un pueblo de Georgia para pedirle ayuda. Cal Pickford, eterno admirador del autor y conmocionado por la noticia de la muerte de su héroe, se entusiasma cuando su esposa le habla de su visita. Comienza entonces una serie de acontecimientos que implican a Cal en la política represiva del régimen de Nixon junto con una envejecida diva del cine, un inmigrante y un hombre negro que trabaja como mozo de cuadra.
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Una lectura interesante para aficionados e interesados tanto en la obra de Bishop como en la de Dick.
Bishop usa con fino humor el legado de Dick, y lleva de la mano al lector a un parque de atracciones temático. El libro comienza con la propia muerte de Philip K. Dick y las particulares reacciones del escritor ante ese hecho y lo que le ocurre después, luego lo aparta momentáneamente para presentarnos a sus otros personajes; que incluyen, pero no se limitan a, un vaquero fumeta y su esposa psicóloga (que tendrá que psicoanalizar a varios personajes), un astronauta veterano, un par de apariciones místicas, una estrella de cine psicótica y un emigrante vietnamita adicto a los cómics de Frank Miller, por ejemplo; todos ellos están atrapados de una manera u otra en la distopía americana alternativa de unos ochenta bajo el puño de hierro de Nixon, un mundo de guerra fría y restricciones de libertades civiles y de movimiento, de opositores desaparecidos, tiranía (vamos, la vieja pesadilla del hippie de Dick) y bases en la luna gracias a una carrera espacial más avanzada, todo ello aderezado con unas cuantas dosis de ese “desajuste” del mundo que tan bien se le daba al escritor homenajeado.