| La conspiración alejandrina, de T.Bisson |
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| Escrito por Carlos Puig | |||
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LA CONSPIRACION ALEJANDRINA Terry Bisson
por Carlos Puig Terry Bisson es conocido en nuestro país, básicamente, por sus relatos, algunos de ellos recogidos en el excelente volumen publicado en la colección Runas hace un par de años, Cuando los osos descubrieron el fuego, pero nos resultaba, hasta el momento, desconocida su faceta de novelista. La conspiración alejandrina es un buen comienzo.
La historia está preñada de escenas surrealistas que serían más encuadrables dentro del género de la fantasía que en el de la ciencia ficción, pero si uno no quiere romperse los cascos intentando comprender la lógica de lo que sucede y simplemente va devorando páginas, le encontrará bien pocos reparos a su lectura (bueno, yo por porner, pondría uno: el título. La conspiración alejandrina tiene más reminiscencias de El código DaVinci que de lo que va la novela en sí, así que más de uno puede sentirse defraudado si lo compra a la búsqueda de códigos secretos y misterios ocultos. Algo de eso hay, es cierto, pero nada comparable a lo que prometen esos libros que hoy por hoy son tan populares. En líneas generales, la novela funciona aceptablemente bien y el lector disfrutará de una original y ácida narración donde muchos conceptos artísticos se verán cuestionados sin que lo parezca. Bisson sabe escribir con fluidez y la historia se desarrolla rápido llegando a su final de manera agradable y sin grandes pérdidas de ritmo. Un libro que, sin llegar a ser un gran descubrimiento, sí que permite disfrutar de una agradable lectura de verano.
(c) 2009 Carlos Puig
La conspiración alejandrina, de Terry Bisson (The Pickup Artist; 2003). La Factoría de Ideas, col. Solaris Ficción nº 124. Madrid, mayo de 2009. Traducción de Juan José Llanos Collado. ISBN. 978-84-9800-4663. 320 páginas, 20,95 euros.
TEXTO DE LA CONTRAPORTADA CHank Shapiro es un artista de la selección, un agente del gobierno que recaba las obras a las que les ha llegado el momento de la jubilación creativa ya que no hay bastante sitio en el mundo para todo el arte, de modo que las obras que exceden cierta antigüedad deben ser catalogadas, consignadas en los archivos y destruidas, allanando el camino para el arte nuevo. Es una profesión que entraña riesgos, y el salario es pésimo, pero paga las facturas. Después de todo, el arte de este año es mejor que el del año pasado, ¿verdad?
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