| TRANSMETROPOLITAN de Warren Ellis |
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| Escrito por Joan Antoni Fernández | |||
| Lunes, 18 de Abril de 2011 00:00 | |||
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Pocos son los guionistas capaces de construir un complejo mundo con regusto a presente.
TRANSMETROPOLITAN por Joan Antoni Fernández
Por fortuna, existe un limitado grupo de artistas, genios capaces de crear universos subyugantes que atrapen al lector. Entre estos elegidos se cuenta el británico Warren Ellis, brillante escritor que ha sabido estructurar con esmero la serie Transmetropolitan. Se trata de una colección que consta de 60 números divididos en varios arcos argumentales, cada uno de ellos desarrollados en doce episodios mensuales, hasta abarcar cinco años de publicación. En tan dilatado intervalo de tiempo, desde 1997 hasta 2002, su autor nos ofrece una visión políticamente incorrecta, algo distorsionada pero veraz, de la civilizada sociedad que padecemos. El escenario principal de la trama se sitúa en La Ciudad, una representación abstracta de Nueva York y, por extensión, de todas la grandes urbes situadas en un mundo post industrial. Entre sus barrios hacinados y a través de sus degradados habitantes, asistiremos a los estragos producidos por infecciones tales como la religión, la política, la violencia, el sexo, la televisión o la publicidad. En suma, el poder en cualquiera de sus representaciones. En realidad, Transmetropolitan es una acertada visión sobre lo inh La serie resulta en momentos barroca y compone un brillante mestizaje de géneros. Así, se nutre sin complejos tanto del estilo noir como del cyberpunk y de la transgresión más provocativa, llegando en ciertos momentos a las cotas del underground más corrosivo. La temática, encuadrada dentro del género de la distopía, se halla emparentada con otras obras como el Ficcionario del argentino Horacio Altuna, aunque tal vez acabe reflejándose mejor en el Incal de Alejandro Jodorowsky. Semejante amalgama de estilos conforma un extraño universo que, por muy deformado que se nos presente, sabe ofrecer una satírica versión de nuestra sociedad.
Pero en Transmetropolitan su protagonista no se ha vendido en absoluto ni se deja dirigir por nadie. Su furia está desatada, dirigida hacia una sociedad y un poder que desprecia, señalándolos acusador. Ya de entrada, en el primer arco argumental de la serie titulado “Regreso a las calles”, Spider se verá inmerso en el centro de una represiva acción policial contra los transientes. Se trata de un grupo de individuos que forma una original tribu urbana, su código genético modificado con rasgos alienígenas. Se considera que han cambiado de especie, por lo que carecen de derechos como el resto de los humanos y viven en un distrito aparte.
En números sucesivos Spider Jerusalem irá ascendiendo en su popularidad, a la vez que vaya narrando los aspectos más sórdidos de La Ciudad, cargando siempre con acidez contra cualquier fuente de poder, ya sea religiosa, cultural o mediática. De esa forma llegaremos al segundo año de publicación y a su segundo arco argumental, “El Año del Bastardo”. Así nos encontraremos con un Spider dedicado a cubrir las elecciones presidenciales y con la aparición en escena de nuevos personajes. Por un lado, aunque ya presentado de forma breve en el número 2 de la colección (a través de un corrosivo gag en unos urinarios), la figura del Presidente adquiere mayor relevancia. Este personaje, apodado “La Bestia”, es un tipo fascista, corrupto e inmoral, enemigo declarado del protagonista, y capaz de castigar a distritos enteros por no haber sido votado.
Muchos y variados son los personajes que transitan por la obra a lo largo de sus 6o números. Desde Yelena Rossini, segunda asistente de Spider con la que éste mantendrá una relación especial de odio-admiración, hasta Lau Qi, mestiza anglochina fundadora de El Agujero, una comunidad virtual e instantánea de noticias (denominado feedsite) que en ocasiones publicará las crónicas de nuestro protagonista. Mención aparte merece Vita Severn, asistente política de “El Sonriente”, de trágico destino y única mujer por la que el periodista parece sentir cierta atracción. Pero más que una historia de personajes, Transmetropolitan fue concebida como una serie de denuncia social, llegando a alcanzar con rapidez una gran popularidad, tanto entre la crítica especializada como entre los lectores. Publicada originalmente bajo el sello Helix de DC Comics, dedicado en exclusiva a la ciencia ficción, tras la cancelación del mismo pasó en su segundo año de existencia a la línea Vértigo, de temática más general. Durante un tiempo pareció que esta serie iba a ser la sucesora de otro gran título de culto, el Predicador de Garth Ennis. No obstante, fue una nueva serie, la también aclamada 100 balas de Brian Azzarello, la que logró auparse a dicho puesto.
Resulta curioso, pero así como en otros cómics la parte gráfica llega a ser un componente decisivo, incluso fundamental para el desarrollo de la obra, en Transmetropolitan los dibujos no adquieren una connotación determinante. Se limitan a cumplir con el guión de forma eficaz, aunque tal vez algo fría. Bien es cierto que desde el inicio de la serie el dibujante Darick Robertson se presta con devoción a seguir los dictados de Ellis; sin embargo, no se trata de un gran artista capaz de lucir por méritos propios. Lo mejor que puede decirse de su trabajo es que sabe acoplarse a las exigencias del guión, logrando un resultado bastante correcto que entra muy bien por los ojos. Sin ser una maravilla de la técnica, no desentona con la historia y facilita el hilo de su lectura.
Obra fascinante y divertida, transgresora como pocas, todo en Transmetropolitan se mueve bajo la firme batuta de Warren Ellis. No hay piedad para nadie: religión, política, fuerzas del orden, los medios informativos, la propia televisión... El guionista no deja títere con cabeza y arremete contra nuestra sociedad, tan masificada y consumista, proyectándola hacia un futuro terriblemente cercano. En el gran escenario de una ciudad reflejo de todo tipo de vicios y corruptelas, a través de un agrio pero devastador sentido del humor, el antipático personaje de Spider Jerusalem se mueve como pez en el agua. Siempre independiente y provocador, metiendo con obstinación el dedo en la llaga. Lo mejor que puede decirse de Transmetropolitan es que su lectura, aparte de amena y divertida, resulta en extremo estimulante. Por desgracia, no existen en la actualidad demasiados cómics de los que pueda asegurarse lo mismo. Casi resulta un pecado perderse semejante obra, capaz de despertar polémica y al tiempo hacernos pensar. Dejémonos atrapar en sus redes, sin duda nuestras neuronas lo agradecerán. © Joan Antoni Fernàndez, Abril de 2011 Joan Antoni Fernández nació en Barcelona el año 1957, actualmente vive en Argentona y trabaja en una caja de ahorros. Escritor desde su más tierna infancia ha ido pasando desde ensuciar paredes hasta pergeñar novelas en una progresión ascendente que parece no tener fin. Ha sido ganador de premios fallidos como el ASCII o el Terra Ignota, que fenecieron sin que el pobre hombre viera un duro. Inasequible al desaliento, ha quedado finalista de premios como UPC, Alberto Magno, Espiral, El Melocotón Mecánico y Manuel de Pedrolo entre otros. Ha publicado relatos y artículos en Ciberpaís, Nexus, A Quien Corresponda, La Plaga, Maelström, Valis, Dark Star, Pulp Magazine, Nitecuento y Gigamesh, así como en la web NGC y en BEM on Line. Que la mayoría de estas publicaciones hayan cerrado es una simple coincidencia... según su abogado. También es colaborador habitual en todo tipo de antologías, aunque sean de Star Trek. Hasta la fecha ha publicado seis libros: Reflejo en el agua, Policía Sideral, Vacío Imperfecto, Esencia divina, La mirada del abismo y Democracia cibernética. Ha ganado el premio de relatos en catalán Manuel de Pedrolo.
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