| Watchmen |
|
|
| Escrito por Joan Antoni Fernández | |||||||||||||||
Sin duda la mayoría de aficionados al cómic estarán de acuerdo en que Watchmen es la obra cumbre dentro del difícil género de superhéroes. Esta serie de doce números que la editorial DC publicó entre septiembre de 1986 y octubre de 1987 marca un antes y un después en la forma de concebir tales aventuras gráficas. Todo por obra y gracia de su creador Alan Moore, una de las figuras más importantes en semejante medio.
![]()
![]() Pero vayamos a la génesis del proyecto. Dick Giordano, antiguo editor de la “Charlton Comics”, había abandonado tiempo atrás dicha empresa para fichar por “DC Comics”. Tal vez por ello, en cuanto tuvo ocasión, decidió comprar los derechos de los personajes de su anterior editorial, los Minutemen. ![]() Estos personajes, o al menos la mayoría de ellos, habían sido creados o revitalizados por Steve Ditko, uno de los mejores dibujantes de la Edad de Plata del cómic y que trajo esplendor a la fenecida editorial. No contento con su adquisición, Giordano propuso a Moore que se encargara de escribir alguna historia con semejante material para relanzar la serie en su nuevo sello. Pero el guionista se tomó el encargo muy en serio y el tratamiento que dio a los personajes fue tan espectacular que Giordano creyó oportuno abandonar su primitiva idea y dar a Moore plena libertad para la creación de personajes completamente originales. Así The Peacemaker se convertía en The Comedian, Captain Atom era recreado como el Dr. Manhattan, Blue Beetle era el trasunto de Nite Owl en sus dos versiones, la antigua y la nueva, Thunderbolt se transformaba en Ozymandias, la creación de The Question se modificaba para ser Rorschach, y la exótica Nightshade era la no menos turbadora Silk Spectre. ![]() Aunque los personajes de Ditko tenían un gran potencial, en especial el amoral The Question o el poderoso Captain Atom, el partir de cero incentivó la creatividad de un desatado Alan Moore. Ello le permitió la concepción de un universo nuevo, sin lastres ni ataduras, con aportaciones frescas y muy personales. ¿El resultado? Una maravilla: Watchmen. ![]() Una vez conseguido el visto bueno de Giordano, Alan Moore comenzó a elaborar prácticamente desde cero todo el entorno de la historia que tenía en mente. La premisa era originalísima por su propia simplicidad. En un mundo real, el nuestro, había que buscar las motivaciones de los llamados superhéroes para ponerse trajes estrafalarios y salir a la calle para combatir el crimen. Pero Moore iba más lejos todavía y trataba de analizar cuáles serían las repercusiones que su mera existencia provocaría en la propia sociedad. Unas repercusiones que no siempre serían positivas.
Así, en el cómic, Ronald Reagan se transmuta en Richard Nixon, un presidente mucho menos popular para la mayoría de americanos. La coherencia argumental resulta impecable, pues Nixon ha seguido en el poder al haber ganado la guerra de Vietnam, todo gracias a la intervención del máximo superhéroe americano, el superpoderoso Dr. Manhattan. Precisamente es este personaje casi divino, el más genuino superhéroe de todos, quien otorga una estabilidad ficticia a la hegemonía tanto de Nixon como de la propia nación americana. Una hegemonía que se sustenta en tutela de un personaje desarraigado capaz de observar a la raza humana con la misma fascinación con la que un niño curioso contemplaría un hormiguero. ![]() Uno de los puntos fuertes de Watchmen radica en los propios personajes. Moore va alternando capítulos donde se desarrolla la compleja trama con otros destinados casi por completo a describir y mostrar la psicología de los superhéroes. Pero el guionista huye de los monólogos internos y de los textos de apoyo tan de moda en el género. Gran dominador de la técnica del flashback, lo mismo la utiliza para mostrar los propios recuerdos de los protagonistas (caso de Rorschach), las reminiscencias de los demás (así se nos muestra la compleja personalidad del Comediante, quien ha muerto al comienzo de la historia), o incluso la narración por alguno de los protagonistas de las acciones pasadas (las explicaciones de Adrian Veidt).
![]() Con la complicidad del dibujante Dave Gibbons, quien hace gala de un estilo real y minucioso hasta un extremo casi fotográfico, Moore nos va mostrando un entorno dotado de gran coherencia. Todos estos datos se nos facilitan de manera casi subliminal: los establecimientos de comidas rápidas se llaman Gunga Diner en vez de McDonalds, mostrándonos la fuerte implantación hindú en la América del relato. Los extraños cigarrillos que fuma la gente, los coches eléctricos con sus puntos de abastecimiento en lugar de gasolineras, los curiosos zapatos que todos calzan, el hecho de que en un mundo de superhéroes nadie leería cómics sobre los mismos y las preferencias se decantan hacia historias de piratas… Gran cantidad de datos que aparecen en el pulcro dibujo de Gibbons, capaces de recrear con auténtica verosimilitud un mundo real donde los superhéroes se mueven con gran soltura.
Lejos de ser el Quijote de los cómics superheroicos Watchmen es una aproximación seria y rigurosa a dicho mundo. Moore no pretendía ridiculizar ni destruir la industria, al contrario, su idea era montar una base sólida donde generar relatos atrayentes. Trabajos posteriores como V for Vendetta o Miracleman muestran el interés que el guionista prestaba a las historias de seres superdotados enfrentados a la complejidad de un mundo real. El problema principal es que Watchmen es una obra tan redonda que en ella ya está todo dicho, lo demás suena a copia o repetición. ![]() Fijémonos que en Watchmen no aparece onomatopeya alguna, ni siquiera bocadillos con pensamientos de los personajes o, lo que sería más normal, textos de apoyo. Es una verdad desnuda que se nos muestra en estado puro. La simetría del dibujo, donde por ejemplo la primera viñeta del primer número nos muestra la insignia ensangrentada del Comediante, mientras en la viñeta final del último número vuelve a aparecer copiada en la camiseta del redactor que curiosamente se ha manchado de salsa. Un círculo perfecto, donde todo vuelve de nuevo al principio mientras se oye decir: “Lo dejo por entero en tus manos”. En efecto, Moore lo deja en nuestras manos y hemos de ser nosotros quienes saquemos las conclusiones y decidamos cómo acaba realmente la historia. Como bien dice Rorschach: “Somos nosotros. Sólo nosotros”. Ésa es la moraleja de la historia, no importa cuántos superhéroes haya en el mundo, al final seremos los individuos normales quienes decidiremos el rumbo de nuestras existencias. Esto resulta evidente al fijarse en la gran importancia que el guionista da a los secundarios del relato. El quiosquero y el chico que lee el cómic a su lado, o el psicólogo que atiende a Rorschach en presidio, todos están tratados con una profundidad nada habitual. Moore nos muestra que son ellos quienes sufren las consecuencias de los actos de los llamados superhéroes. Será la gente normal de la calle quien morirá por culpa del plan de Veidt / Ozymandias. ¿Qué importan entonces las altruistas motivaciones de éste? ¿Acaso el camino al infierno no está empedrado de buenas intenciones? ![]() A este respecto resulta paradójico observar cómo los personajes que a priori habrían de ser más antipáticos al lector (el cínico y amoral Comediante, el psicópata Rorschach) acaban mostrando una faceta más humana y en ocasiones heroica que el frío e inhumano Dr. Manhattan o el propio Ozymandias, cuya actuación cruel y despiadada se contradice con su visión mesiánica a favor de la Humanidad. Y en medio de todo el conflicto están el Búho Nocturno, Daniel Dreiberg, y Laurie Juspeczyk, quienes con sus dudas y limitaciones actúan como nexo de unión entre los superhéroes y el resto de los mortales, a caballo entre las dos concepciones de la sociedad. Watchmen es un gran cómic porque está pensado como un gran cómic. Desde su intento de ser irrepetible en otro medio distinto, con esa interrelación entre texto e imagen capaz de explicar varias acciones a un mismo tiempo, logrando que una se apoye y sirva de contrapunto a la otra, con esa forma de ver la misma escena desde diferentes ángulos, tanto de enfoque como subjetivos, con sus viñetas que adquieren un nuevo significado mucho más adelante, al explicar unos hechos desconocidos hasta el momento, todo gira en un grandioso engranaje que funciona a la perfección. ![]() Como toda obra de arte, este cómic es capaz de estimular una nueva lectura. Porque cada vez podemos descubrir diferentes matices que hasta entonces habían permanecido ocultos a nuestra mirada. Tal es su grandeza, el mostrarnos que incluso en el cómic es posible un grado de complejidad que parecía prohibido. Sólo hacía falta un genio. © Joan Antoni Fernàndez, junio de 2005.
|



















